¿Mayor presión fiscal al automóvil? No, gracias

Comienzan a desvelarse detalles de la nueva fiscalidad que, como intuíamos, llegaría en el marco de la ley de financiación de comunidades autónomas y ayuntamientos. También, como era de esperar teniendo en cuenta los estrictos objetivos de Bruselas con el déficit, los cambios fiscales no serán para recaudar menos.

Así, todo apunta a que el Ejecutivo hará un traspaso del grueso de la fiscalidad medioambiental a las autonomías y, entre sus principales planes, parece que estará la subida de impuestos al diésel. Y es que Bruselas reprocha a España que la recaudación de los llamados tributos verdes represente sólo el 1,9% del PIB, frente a la media del 2,4% de la UE. Además, pone el acento en el caso del gasoil, al que España aplica hasta la fecha el gravamen especial mínimo. Sin embargo, al subir impuestos al diésel estamos penalizando un tipo de combustible que puede perfectamente estar cumpliendo la normativa medioambiental, como es el caso de los nuevos Euro 6, lo que supone un freno a la renovación del parque.

Por tanto, en línea con lo que apuntan las principales patronales del sector, esta reforma fiscal debería ir encaminada a desincentivar a los vehículos más antiguos, que son realmente los que más perjudican al medio ambiente, en lugar de ir en contra de la renovación del parque.

Ciertamente, al perseguir al diésel de esta manera, se está lanzando un mensaje equivocado al ciudadano, condicionando la demanda y obviando todo el esfuerzo inversor en tecnología para poder reducir al mínimo el potencial contaminante de esta motorización. Por eso, en lugar de alimentar un efecto psicológico negativo sobre un tipo de combustible concreto, lo deseable sería traspasar la presión fiscal de la compra al uso. ¿Cómo? Eliminando, por un lado, el Impuesto de Matriculación y, por otro, reorientando el Impuesto de Circulación hacia criterios medioambientales, para que se base en las emisiones en lugar de en la cilindrada y la potencia.

Entiendo que la tendencia internacional pasa por aumentar los impuestos a aquellas actividades perjudiciales que afectan al medioambiente o contaminan, pero utilizar siempre el coche como cabeza de turco y como principal foco de contaminación no parece lo más justo, máxime cuando el sector automoción contribuye a las arcas públicas con más de 26.000 millones de euros al año, una notable participación a la que no se pueden añadir más tasas.

¿Por qué no pensamos mejor en qué hacer para rejuvenecer el parque? Aquí, modificaciones orientadas a mejorar la fiscalidad del coche de empresa, consiguiendo, por ejemplo, que los particulares se deduzcan la cuota de renting en el IRPF empujaría el uso de vehículos que se renuevan cada cuatro años, lo que sería además muy beneficioso para el ansiado rejuvenecimiento del parque.

El incentivo al achatarramiento de los vehículos más antiguos, a través de programas de estímulo que favorezcan el cambio hacia coches más modernos y eficientes también sería una buena medida. Parece que ya se ha olvidado que el Plan PIVE, en sus ocho ediciones, permitió retirar de la circulación más de 1,1 millones de vehículos de más de diez años, que emiten hasta el 98% más de partículas y el 10% más de CO2, y cuya inversión se recuperó con creces precisamente vía impuestos, especialmente IVA. En definitiva, señores, dejemos de añadir presión sobre el automóvil.

Gerardo Cabañas

Director General de AutoScout24 España