El coche ante la movilidad sostenible

De un tiempo a esta parte, los Ayuntamientos, principalmente de grandes ciudades como Madrid y Barcelona, han cargado las tintas contra el coche como si fuera el principal foco de contaminación y han puesto sobre la mesa medidas restrictivas que, desde mi punto de vista, no están bien planteadas.

Al margen de que, según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (Aema), el coche causa el 13% de la contaminación, mientras que viviendas, comercios e instituciones responden de un 56%, ¿estamos seguros de que discriminando la circulación por matrícula vamos a conseguir un entorno más saludable?

Este tipo de restricciones resultarán eficaces si lo que queremos es reducir el número de coches en circulación para rebajar el nivel de atascos. Sin embargo, si lo que se persigue es mejorar la calidad del aire, necesariamente hay que atacar con criterios ecológicos.

Desde luego, una buena manera de hacerlo es incentivando el achatarramiento de los coches más antiguos, a sabiendas de que coinciden con los más contaminantes, y ofreciendo la posibilidad a estos usuarios de adquirir un coche nuevo o un usado de corta edad. Porque, no lo olvidemos, movilidad, este término del que tanto se habla, es también un vehículo de segunda mano. Debe haber opciones para todos los gustos y para todos los presupuestos.

Lo que no es coherente es castigar el uso del automóvil para convertir las ciudades en espacios menos contaminados, cuando lo lógico sería promover un uso racional. Lo adecuado es facilitar una movilidad donde todas las soluciones (tupida red de transporte público, coche, bici…) tengan su sitio y, por supuesto, contar con un parque joven y dotado de los últimos avances tecnológicos que garanticen la eficiencia y el respeto al medio ambiente. Sólo así habremos conseguido una movilidad sostenible.

Estamos de acuerdo en que los tiempos cambian y en un contexto de economía colaborativa como el que vivimos surgen nuevas formas de utilización del coche, que enriquecen las tradicionales. El hecho de que se popularicen fórmulas basadas en el renting, en el pago por uso y en la compartición de vehículos es muy positivo porque se lo pone más fácil a los ciudadanos que necesitan moverse.

Además, pensemos que estas nuevas fórmulas de movilidad son un catalizador de cambio para el mercado de V.O., gracias a su elevada tasa de renovación. Al impulsar el cambio de coche cada menos tiempo, se ampliará la oferta de modelos jóvenes, de manera que habrá una mejora cualitativa y el sector de los usados madurará, porque el grueso de la oferta ya no se focalizará en los más antiguos.

Pero, y volviendo al uso, lo cierto es que todas las fórmulas de movilidad son complementarias y una no tiene que suponer el fin de la otra. ¿Qué ocurre si necesito ir más allá de la M30? Ya no puedo utilizar un servicio de carsharing, por ejemplo, sino que tendré que recurrir a otra solución. Pero, ¿qué sucede si no llega el transporte público a mi destino?

Caminemos hacia una verdadera ciudad inteligente que, en lugar de basarse en la imposición de restricciones y en la demonización del coche, convierta la movilidad en un conjunto de soluciones perfectamente organizadas. Ya sabemos que, como reza el dicho, prohibir es más fácil que pensar, pero hacer el esfuerzo seguro que merece la pena.

Gerardo Cabañas

Director general de AutoScout24 España