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Santes Creus. La sublime belleza del gótico

Rutas Sagradas. Lugares míticos y mistéricos de España

Santes Creus conserva entre sus muros el espíritu de las comunidades cistercienses medievales, como si el tiempo se hubiera detenido en las dependencias del monasterio tarraconense, como si el alma de aquellos monjes que lo fundaron hubiera quedado en cada rincón, en cada piedra del conjunto.

Resulta desconcertante la imagen de Santes Creus desde sus proximidades, sobre el río Gaiá, en un paraje recogido, un bello y tranquilo lugar, lo que parecen desmentir las defensas que inestables tiempos pretéritos requerían. No es difícil percibir la recogida soledad centenaria de Santes Creus al salvar su perímetro, a pesar de las modificaciones que los siglos efectuaron sobre él y de las esmeradas restauraciones sufridas, a pesar de las vicisitudes vividas y de aquellos que a lo largo de casi un milenio fueron forjando su historia.


Santes Creus nació, como otros cenobios cercanos, cuando esta zona de Tarragona se vio libre de la influencia árabe, en plena Edad Media y una vez arrebatados los territorios a los moros. En esos momentos, ya fallecido el emblemático Bernardo de Claraval, diversas comunidades de monjes llegaron desde Francia, buscaron lugares solitarios, de fértiles tierras y abundantes aguas, donde vivir en paz y armonía, acogidos a la férrea regla del Císter y bajo la protección de algunas de las grandes casas nobiliarias de la zona.

Pero la fundación de Santes Creus tardó en materializarse unos cuantos años. La comunidad, procedente del monasterio francés de Grandselve (Toulouse), se instaló en diferentes puntos, hasta que el señor de Montcada pidió ayuda a los señores de Cervelló y de Montagut, quienes cedieron los territorios de Santes Creus en 1160, un paraje de la comarca del Alt Camp.

A partir de 1170, bajo el mandato del abad Pere, comenzó la construcción del conjunto monástico, iniciándose la capilla de la Trinidad, que aún se conserva, siguiendo por el resto de la iglesia (consagrada en 1221), la sacristía, el locutorio, el primer claustro, que nunca llegó a estar terminado y vivió una fuerte remodelación en época gótica, la sala capitular y el dormitorio de los monjes, dos de las piezas más impresionantes del monasterio.

Mientras se iban levantando las edificaciones, el monasterio conseguía más donaciones y privilegios. El abad Bernard Calbó llegar a ser consejero del Jaime I el Conquistador, aunque la relación con el monarca se hizo más estrecha en época de Pedro III el Grande (1239-1285), el sucesor de Jaime I, con el abad Gener. El rey ordenó la construcción del palacio real y dispuso su sepultura en el monasterio, lo que también ocurrió con su hijo y sucesor Jaime II (1267-1327) y con la esposa de éste, Blanca de Anjou. Los cuerpos de los tres personajes fueron depositados en los respectivos monumentos funerarios en la iglesia del cenobio.

En 1313 se comenzó el nuevo claustro gótico, bajo el auspicio de Jaime II y Blanca de Anjou, una de las piezas más bellas y emblemáticas de Santes Creus, por sus tracerías gótico-flamígeras y porque presenta una impresionante decoración de figuras fantásticas y escenas religiosas. El claustro fue concluido en 1341 y en el siglo XX vivió una importante restauración.


Siguieron otras obras, incluso se llegó a dotar de almenas al monasterio en época de Pedro IV el Ceremonioso (1376), quien ordenó su fortificación. Otras obras fueron cambiando la fisonomía del lugar, lo que indica que Santes Creus siguió adelante hasta que llegó la Guerra de la Independencia, cuando la comunidad tuvo que abandonar el monasterio. No obstante, los monjes volvieron, pero definitivamente tuvieron que abandonarlo en 1835, a raíz de la Desamortización de Mendizábal.

Gótico y masones

Si a lo largo de «Rutas Sagradas» hemos destacado algunas de las más bellas y enigmáticas construcciones del románico español, en Santes Creus nos vamos a encontrar con el arte gótico en todo su esplendor, tanto artístico como simbólico.

Los libros de historia del arte nos dicen que el gótico ve la luz -nunca mejor dicho- en Francia allá por el siglo XII y luego se extendió por todo Occidente, dejando en España algunos ejemplos de enorme valor. Este estilo constructivo ha sido llamado «de la luz» no en vano. Asimismo, a este estilo se han vinculado los saberes ocultos y esotéricos de las cofradías de constructores que levantaron las catedrales góticas europeas y el resto de edificios sacros como Santes Creus.

Este tipo de arte llega también a la escultura y la pintura, pero es en la fabricación de vidrieras donde alcanza cotas sorprendentes de belleza y singularidad. Volvemos a la luz. Actualmente, la masonería se declara heredera de aquellos constructores y prácticamente toda su simbología está asociada a las herramientas e utillaje de los albañiles. Dado que la masonería siempre se ha declarado una sociedad iniciática, esto por sí mismo ya nos relacionaría las construcciones góticas con un mensaje simbólico.


Nos permitimos señalar dos elementos más que añadir al de la luz. Una de ellos es el espacio; es decir, la creación de «el vacío»; la otra, el uso de ese espacio para la propagación del sonido, del «verbo». Todo ello bajo las bases de armonía y proporción de la geometría sagrada. Según este principio, los viejos constructores creían que un edificio construido sobre los cánones de un orden y una armonía que ellos conocían, permitía al fiel ordenarse, es decir, le facilitaba de un modo natural el encontrar un equilibrio interior que derivaba en una sensación de paz y le abría una puerta a la trascendencia. Una iglesia gótica es un puente que te permite penetrar en los misterios de lo divino.

Santes Creus es un ejemplo vivo de lo expuesto. Ya no se celebra culto desde hace tiempo y no lo habitan monjes, pero no ha perdido un ápice de su poder «transformador», de su caudal de bienestar, paz y armonía. De su mensaje de equilibrio, orden, luz y libertad de espíritu.


De momias y sepulcros

El cenobio fue lugar de última morada para personajes importantes, y no sólo de Pedro III, Jaime II y su esposa Blanca. Estaban sepultados nobles de las casas de Medinaceli (sucesores de los Montcada) y Cervelló, así como el abad Ferrara. También reposaban en sus tumbas respectivas el almirante Roger de Lauria, a los pies de Pedro III, de quien era vasallo y amigo; el Infante D. Fernán Sánchez; la Reina Dª. Margarita (esposa de Martín el Humano) y un largo etc.

Esther de Aragón

www.damadelsur.com

Ficha técnica de Rutas Sagradas

  • Título: Rutas Sagradas. Lugares Míticos y Mistéricos de España
  • Sebastián Vázquez y Esther de Aragón
  • Ed.: La Esfera de los Libros, Col. Palmyra. Madrid, 2015