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San Pedro de Arlanza

Rutas Sagradas. Lugares míticos y mistéricos de España

Hablar del monasterio de San Pedro de Arlanza evoca el origen del reino de Castilla y de un conde, Fernán González, cuyas gestas engrandecieron los juglares, se recogieron en crónicas y llegaron a hacerse inmortales gracias al poema del mismo nombre que el propio conde. A él se refiere el capítulo 27 de nuestro «Rutas Sagradas».

El escenario en el que se encuentra el citado monasterio no puede ser más bello, en la burgalesa sierra de las Mamblas, junto al río Arlanza, que se curva en amplios meandros, flanqueado por paredes calizas en las que abundan las cuevas, muchas de las cuales fueron habitadas por ermitaños en aquellos turbulentos tiempos en los que la península debatía el dominio entre moros y cristianos, condados y nacientes reinos.


Las ruinas del que fuera uno de los mejores exponentes del románico castellano entristecen, sobre todo, porque dejan vislumbrar la belleza y grandiosidad de su edificación. Sobre el monasterio, la silueta de la ermita de San Pedro el Viejo o San Pelayo, en la que un ermitaño profetizó a Fernán González grandes hazañas y el amor de los suyos, según las crónicas y el poema citado. El lugar es de tan insólita belleza que el propio conde castellano, contemplando el paraje, pidió ser enterrado allí. Desde su elevada posición, las panorámicas ofrecen toda la quietud de este mágico y encantador espacio burgalés. El contraste de color es magnífico. La roca que perfila las zonas altas, la espesa vegetación de encina y sabina de las laderas, así como los tonos que proyectan el río y el bosque de galería de la ribera, forman un espectacular conjunto. Abajo, destacando en el ambiente, las grandiosas ruinas de aquel importante centro monástico medieval; la iglesia, de factura románica, sus capiteles, impostas, arcos, columnas, arranques y apoyos dan perfecta idea de la magnitud del antiguo centro.

El monasterio conservó una buena fisonomía durante siglos; allí fueron depositados los restos de Fernán González y su esposa Sancha y los monjes benedictinos que lo habitaron hasta su abandono nunca olvidaron quemar incienso y ofrecer sus oraciones ante los sepulcros de los condes. Y el lugar se dejó contagiar de la magia del entorno, de manera que la Crónica General de la Orden Benedictina refiere que hasta 1835, en momentos previos a grandes sucesos en la península, se dejaban oír en San Pedro extraños fragores.

Desafortunadamente, la desamortización de 1835 dio paso al saqueo y abandono del monasterio; las gentes de la zona, cuyo amor por el conde castellano había vencido un período de siglos, trasladaron los sepulcros de Fernán González y Sancha a la cercana y no menos bella colegiata de Covarrubias, donde aún reposan.


Lo cierto es que Fernán González (910-970) tuvo un papel protagonista en la historia de Castilla. Su mayor grandeza no fue crear un pueblo, pues ya existía en los condados que ocupaban las tierras limitadas por el reino navarro, el leonés y por la frontera árabe, su hazaña fue dar conciencia de unidad a ese pueblo y que el propio monarca leonés le reconociera el título de «Conde de todo Castilla» que, en sus tiempos, englobaba tierras tan dispares como Cantabria, la orilla oriental del Carrión, la frontera norte del Duero, parte de las tierras sorianas, las alavesas y las vizcaínas. Y, según las crónicas, aquel hombre consiguió dirigir a sus vasallos como un igual, en justicia y libertad, y, a cambio, recibió su amor, hasta el punto de ofrecer por él la vida.

Las leyendas

Dicen las crónicas que el conde Fernán González un día de caza persiguió a una pieza hasta aquellos agrestes y recónditos parajes. Dado que no la encontraba, bajó del caballo para seguir el rastro a pie. Pero en vez de localizar la pretendida presa, se encontró con un viejo eremita que vivía en la cueva. Fue aquel mítico personaje, de nombre Pelagio, Pelayo o Pedro el Viejo, que de estas tres formas se le conoce, el que profetizó al conde que de allí nacería el reino de Castilla, que sería su fundador y que tendría una gran victoria contra las huestes musulmanas.

Al visitar las ruinas de lo que fue la iglesia, justo delante de la puerta que da acceso al claustro, se encuentra un enlosado cuadrado con figuras geométricas en el centro y en los ángulos. Cuenta una leyenda que sobre este lugar se libró una partida de ajedrez entre un caballero templario y el mismísimo diablo. Aunque sabemos bien quién fue el perdedor, el demonio, sin embargo hay distintas versiones sobre cuál fue el premio para el ganador de la partida. No hay datos históricos que nos hablen de templarios en Arlanza, pero en pocos lugares como éste se dan cita tantas y tan diversas leyendas y mitos.


Contexto histórico-artístico

La vida de San Pedro de Arlanza abarcó un largo periodo de tiempo, desde su fundación hasta el siglo XVIII. Con respecto a su fundación, sabemos que existía un conjunto prerrománico, que guardaría reliquias de San Pedro y San Pablo, quizás en la ubicación de la ermita de San Pedro el Viejo, puesto que en los años 931 y 937 Fernán González realizó sendas donaciones al monasterio. El conjunto empezó a crecer, haciéndolo ya junto al río, llegando a su máximo esplendor en los siglos XI y XII.

Las primeras obras de las que se tiene constancia documental fueron ejecutadas en época románica, concretamente las de la iglesia, que se realizaron en 1118 (1080). De la época románica quedan en San Pedro la planta de la iglesia, los tres ábsides, la torre-campanario, los arcos, los ventanales, así como la base de los enormes pilares que sostuvieron sus bóvedas. El Museo Arqueológico Nacional conserva una portada románica, trasladada en 1895, que se supone debió ser uno de los accesos entre el claustro y la iglesia.


El conjunto vivió una importante reforma entre los siglos XV, XVI y XVII. En 1835, la desamortización de Mendizábal cayó sin piedad sobre el monasterio de San Pedro de Arlanza. Su biblioteca fue en parte expoliada y vendida, aunque, afortunadamente, un buen número de sus códices pasaron al vecino monasterio de Santo Domingo de Silos, donde se conservan.

Más allá de la portada del Arqueológico Nacional y de los códices, diversos fragmentos de las pinturas murales románicas de la sala capitular se encuentran hoy en el Museo de Arte de Cataluña, en el Fogg Art Museum de Harvard y en The Cloisters, en el Metropolitano de Nueva York.

Y una cosa más, el lugar está rodeado de todo tipo de leyendas, tradiciones, incluso de relatos de experiencias paranormales. El viajero, sin duda, disfrutará de su visita, pues aseguramos que en este lugar «las piedras hablan».

Esther de Aragón

www.damadelsur.com

Ficha técnica de Rutas Sagradas

  • Título: Rutas Sagradas. Lugares Míticos y Mistéricos de España
  • Sebastián Vázquez y Esther de Aragón
  • Ed.: La Esfera de los Libros, Col. Palmyra. Madrid, 2015