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San Miguel de Arrechinaga. Una sorpresa en piedra

Rutas Sagradas. Lugares míticos y mistéricos de España

El País Vasco siempre nos aguarda con sus pequeños tesoros escondidos en cualquier rincón de su hermosa geografía. Parajes que de modo invisible han cincelado creencias, leyendas y han guardado saberes antiquísimos que pasaron el cedazo de un catolicismo fuertemente implantado en estas tierras. Sin embargo, aún hoy podemos hallar rastros ancestrales de ese pasado remoto si sabemos mirar detrás de la cortina de la piedad y el culto cristiano.

Son varios los casos en los que el cristianismo adosó iglesias a monumentos megalíticos. Pero no conocemos ningún otro caso en el que la iglesia esté construida alrededor de un enorme conjunto megalítico, de tal modo que este quede en el interior del recinto. Es el caso de la iglesia vizcaína de San Miguel de Arrechinaga, sita el municipio de Markina-Xemen, al que dedica Rutas Sagradas su capítulo 31.


Estamos ante una ermita del siglo XVIII, construida sobre otra muy anterior y que acoge tres enormes piedras que se sujetan entre ellas. En el centro se forma un espacio a modo de pequeña capilla que guarda una talla del arcángel San Miguel.

Es intenso el debate entre los que creen que son solo unas piedras naturales y los que opinan que son unos primitivísimos megalitos. Sin embargo, todos están de acuerdo en afirmar que este fue ya un lugar de culto desde tiempos que se pierden en la memoria. Además, queda responder por qué la primitiva ermita se edificó en torno a las piedras, fueran estas naturales o debidas a la mano humana.

La sorpresa que recibe el visitante al cruzar la entrada es inmediata. Debe de ser la única iglesia del mundo en la que unas piedras, y encima tan enormes, son las protagonistas absolutas. La actual ermita de planta hexagonal evidencia que se edificó así con el propósito de albergar las piedras cómodamente y para que se pudiera deambular a su alrededor.

El arcángel San Miguel

La presencia de San Miguel nos da pistas importantes. San Miguel, dentro de la ortodoxia cristiana, es el arcángel que libra batalla contra el demonio y lo vence. En muchos lugares, en los que hubo un culto previo a alguna deidad que el cristianismo consideró peligrosa, se combatió dicho culto con la fuerza del arcángel destinado a ello. No es difícil imaginar cómo las tres enormes piedras constituyeron un ancestral lugar de culto posiblemente al dios precristiano Sugaar, la serpiente macho, y consorte de la diosa Mari.

La tradición de la ermita

San Miguel de Arrechinaga se encuentra en las inmediaciones de Markina, en la zona nororiental de Bizkaia, en la comarca de Lea-Artibai, junto al lugar donde confluyen los ríos Artibai y Urko. La ermita, concretamente, está en el terreno perteneciente a la Anteiglesia de Xemein y en el conjunto de Arrechinaga, compuesto por el edificio que fue antiguamente el ayuntamiento, el carrejo -donde se practicaban las pruebas de arrastre de piedra con bueyes- y la propia ermita.


Las opiniones sobre el origen de la ermita se pierden, como ocurre con tantos otros lugares, por falta de documentación, pero la mayor parte de los investigadores se inclinan a creer que el culto a la curiosa formación rocosa se remonta a miles de años y que, ya en la alta Edad Media, pudo ser lugar de oración y retiro de ermitaños.

En todo caso, aunque son pocas las referencias documentales que se tienen, sí hay muchos textos de entre 1871 y 1900, más de 50, motivados por la polémica sobre la naturaleza de las rocas de la ermita, como monumento natural o megalítico, según quien opine.

Lo que vemos hoy en San Miguel de Arrechinaga es consecuencia de la reedificación que Xemein mandó hacer en 1734, puesto que su fábrica amenazaba ruina, inaugurándose la nueva ermita en 1741. Después ha vivido diversas obras de arreglo, pero ya menores, tanto del edificio como de sus imágenes. En cuanto a la imagen de San Miguel, fue realizada en 1826 por Esteban de Agreda, escultor de Cámara y director de la Academia de San Fernando.

Los testimonios

Lo que resulta curioso, tal y como mencionábamos antes, es el numeroso grupo de escritores, algunos de enorme relevancia, que se dedicaron a afirmar o negar si el conjunto de rocas había sido dispuesto por el hombre o era natural. Hasta el propio Amador de los Ríos, en 1871, fue uno de los que defendieron su origen megalítico. Hoy se apunta a que Amador de los Ríos recibió una carta de un amigo suyo, Miguel Rodríguez-Ferrer, que llegó con un óleo del interior de la ermita. Sus argumentos los difundió el primero, junto a un grabado del propio cuadro en la revista La Ilustración Española y Americana.


Tan lejos llegaron las explicaciones que James Fergusson, en 1872, publicó un libro en Londres que incluía el grabado, algo modificado, así como sendas referencias a las ermitas de Santa Cruz de Cangas de Onís y de San Miguel de Arrechinaga. El libro, Rude Stone Monuments, indicaba «un todavía más notable ejemplo de la misma naturaleza se encuentra en un lugar llamado Arrechinaga, aproximadamente a veinticinco millas de Bilbao, en la provincia de Vizcaya. En la ermita de San Miguel, en este lugar, un dolmen de dimensiones muy considerables está encerrado entre las paredes de lo que parece ser una iglesia moderna nueva. Puede ser, sin embargo, la sucesora de una más antigua; pero el hecho de que estas grandes piedras hayan sido adoptadas por los cristianos, demuestra que deben haber sido consideradas sagradas y objetos de culto por los nativos en el momento en que los cristianos las encerraron en su edificio».

La publicación del libro de Fergusson revolucionó a numerosos investigadores de diferentes países, quienes publicaron sus respectivas conclusiones, muchas de ellas acompañadas, eso sí, de un grabado similar al original, pero con añadidos propios. Lo cierto es que se sucedieron las opiniones a favor y en contra del megalitismo del conjunto durante un buen periodo de tiempo.

La naturaleza de las rocas

Sin querer desmontar ninguna teoría, ha llegado el momento de apuntar el resultado de los estudios geológicos que se han efectuado sobre los tres bloques cuarzosos. Las investigaciones confirman un proceso natural explicable. Según estas, en el Terciario, en una fase tardía del plegamiento alpino, con toda probabilidad, la fractura de la roca caliza dejó ascender «fluidos acuosos y calientes con alto contenido en sílice», lo que se demuestra en los lugares de contacto de la roca silícea y calcárea, así como en la fractura de la última en esos puntos de contacto. Este proceso tuvo lugar hace unos cuarenta millones de años. Los estudios añaden que la erosión se llevó las rocas blandas, dejando los bloques de cuarzo en contacto directo con la roca caliza de su base.

De ahí su disposición. Lo que es innegable es la singularidad del lugar y sus tradiciones, en ambos casos impresionantes. ¡Sin duda!

Esther de Aragón

www.damadelsur.com

Ficha técnica de Rutas Sagradas

  • Título: Rutas Sagradas. Lugares Míticos y Mistéricos de España
  • Sebastián Vázquez y Esther de Aragón
  • Ed.: La Esfera de los Libros, Col. Palmyra. Madrid, 2015