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Las brujas de Trasmoz

Rutas Sagradas. Lugares míticos y mistéricos de España

Trasmoz es un pequeño pueblo del somontano del Moncayo, coronado por los restos de un, supuestamente, «diabólico» castillo, cuya silueta se recorta contra el bellísimo y mítico Moncayo, que marca la divisoria entre las comunidades de Castilla, Navarra y Aragón. A él dedica Rutas Sagradas el capítulo número 26.


El Moncayo eleva su alta cima al cielo, compartiendo el espacio con los dioses sagrados de la antigüedad, reinando en solitario sobre tierras infinitas, desde los Pirineos hasta el Sistema Central, dados los 2.313 metros de su cumbre. Quizás sea su solitaria figura y su altitud lo que han hecho que desde tiempos remotos fuera considerado un monte sagrado. Habitados sus somontanos en la antigüedad por celtíberos, no extraña su carácter mítico y el del principal río de la zona, el Queiles, cuyas aguas templaban el hierro de las espadas de los guerreros.

Desde siempre, la cumbre del Moncayo ha estado rodeada de leyendas y tradiciones, siendo muchas de las que se conservan una evolución de aquellas que crearon los pueblos antiguos que habitaron la zona. Las leyendas de gigantes, como la de Caco que habitaba una cueva de Los Fayos, las de moras y, por supuesto, las que rodean al castillo de Transmoz, levantado por un nigromante en una noche y punto de reunión de brujas. Todas ellas son un rico legado cultural del que se sienten merecidamente orgullosos los actuales habitantes de estas tierras.

Sin bien le debemos a Gustavo Adolfo Bécquer la vinculación clásica del lugar con las brujas y su mundo, ya desde tiempos muy remotos el Moncayo y sus entornos se consideraron un escenario perfecto en donde era frecuente la expresión paranormal y el conocimiento oculto del uso de plantas sagradas por parte de brujas y curanderas.

Historia y tradiciones

Trasmoz es, por excelencia, el pueblo mítico del Moncayo. Y su castillo, recortándose contra la sierra, es una de las imágenes más descritas y, quizás, más evocadoras de la zona.


A dos personas, principalmente, se debe el que no haya perdido su encanto y sus leyendas el castillo de Trasmoz. El primero es, sin duda, Gustavo Adolfo Bécquer, quien escribió ciertos artículos para el periódico El Contemporáneo durante su estancia en el también legendario Monasterio de Veruela, en 1864, mientras convalecía de uno de los episodios de la enfermedad que le llevaría a la muerte. La recopilación de estos artículos se denomina «Cartas desde mi celda» y, en ellos, el escritor hace una detallada descripción de la zona, de los pueblecitos, de las costumbres y de los trajes regionales de los habitantes del somontano del Moncayo, además de recoger las leyendas del castillo. Así afirma de este último: «En aquel castillo, que tiene por cimiento la pizarra negra de que está formado el monte, y cuyas vetustas murallas, hechas de pedruscos enormes, parecen obras de titanes, es fama que las brujas de los contornos tienen sus nocturnos conciliábulos».

El segundo personaje es Manuel Jalón Corominas, el famoso inventor de la fregona y de la jeringuilla desechable, quien se enamoró del castillo a primera vista, lo adquirió en pública subasta en 1975, creó la Fundación Castillo de Trasmoz en 1980 y hasta su muerte, en 2011, trabajó para conocer los secretos de la fortaleza, su historia, lo que escondía en sus entrañas, sus dueños y visitantes, sus asedios y batallas, sus leyendas, en fin. Dejamos aquí su primera impresión, porque es de lo más explícita: «Al llegar cerca del desvío que conduce a Vera del Moncayo, me dio un vuelco el corazón sólo ante la duda de que el castillo que se ofrecía en venta, pudiera ser lo que aparecía en el horizonte como un barco varado en la cumbre de un cerro, enmarcado en un espléndido panorama con la silueta al fondo del soberbio Moncayo».


Manuel Jalón Corominas llevó a cabo varias campañas arqueológicas en la fortaleza (1978-79 y 2000). Según los estudios, el castillo fue mandado edificar por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, tras arrebatar el lugar a los moros en 1120. Dada la situación estratégica de Trasmoz, en el punto de confluencia de tierras aragonesas, navarras y castellanas, así como su cariz fronterizo en la Edad Media , no extraña saber que entre los siglos XII y XIII cambió de reino en varias ocasiones hasta que Aragón lo recuperó definitivamente. En 1255, Jaime I lo donó al primer señor de Trasmoz. En 1267, tras servir la fortaleza de lugar para acuñar moneda falsa, Jaime I lo incauta, siendo Pedro III El Grande quien lo vuelve a ceder, esta vez a su hijo natural Jaime Pérez. El señorío pasa después a ser propiedad de los Luna y más tarde de los Urrea, uno de cuyos señores, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, fue el último que lo habitó, puesto que en 1520 sufrió un incendio y el derrumbe parcial de la torre del homenaje.

En las campañas arqueológicas se descubrieron algunos de los enseres del último señor: silbatos de cetrería, parte de la armadura de guerra y una vajilla completa, todo lo cual fue causa de que en 2002 se creara en la torre del homenaje el centro de interpretación La Torre y el Caballero, que desde entonces muestra los descubrimientos en cuatro de sus plantas.

Veruela en la actualidad

El cercano monasterio de Veruela es otro de los lugares míticos del Moncayo. Hoy el monasterio está abierto y es visitable, por lo que el viajero podrá recorrer los mismos lugares que inspiraron a Bécquer. Lo más sorprendente es que incluso hoy, a plena luz del día, Veruela sigue dejando a muchos visitantes las mismas sensaciones que las descritas por el poeta.

Ubicado en medio de un bosque sagrado, sorprende por el recorrido de estilos que enseñorea, desde el románico al barroco, pasando por gótico y renacimiento.


Plantas sagradas

Dicen los expertos que el Moncayo es un lugar único para la recolección de plantas medicinales por la calidad y profusión de éstas. Desde tiempos remotos, la medicina rural y tradicional tuvo en las plantas la principal fuente de curación. Tal vez por el pasado de recolectoras o por ser las cuidadoras principales de la familia, lo cierto es que las mujeres destacaron en esta actividad de conocedoras y guardianas de los secretos botánicos. Por un lado, y muy importante, por su valor terapéutico, pero por otro, por la condición de algunas de ellas de «plantas sagradas», cuyo consumo facilitaba el contacto con lo trascendente.

Su conocimiento de las plantas y árboles, la elaboración de ungüentos y elixires y la participación en ceremonia y ritos heredados de los viejos cultos paganos y religiones mistéricas, unido a la ignorancia, el miedo y la intransigencia de los poderes de la época, dieron como resultado una imagen que aún hoy genera escándalo y debate: las brujas.

Esther de Aragón

www.damadelsur.com

Ficha técnica de Rutas Sagradas

  • Título: Rutas Sagradas. Lugares Míticos y Mistéricos de España
  • Sebastián Vázquez y Esther de Aragón
  • Ed.: La Esfera de los Libros, Col. Palmyra. Madrid, 2015