VOLVO TRUCKS GROUPE CAT QUINCIEUX
AutorentingAuthor website

Porsche Panamera Diesel: Único en su especie

Jamás habrá un Porsche de cuatro puertas. Hasta que un buen día se presenta el Cayenne, el modelo de más éxito de la firma de Stuttgart.

Nunca un Porsche con mecánica diésel. Y la versión de gasóleo del Cayenne fue la más vendida en 2011. Imposible un Gran Turismo de Porsche con cinco puertas. Y nace el Panamera. Pero de diésel, ni hablar. Y se sitúa entre los favoritos. La poca visión de los puristas contrasta con el amplio horizonte que la firma alemana abre con este ejemplar, único en su especie.

Porsche Panamera Diesel

Hacía tiempo que no me ponía a los mandos de un Porsche, pero recuerdo esa sensación imborrable que te dejan deportivos como el 911 Carrera o el Cayman cuando te pones al volante. He tenido la suerte de probar lo mejor de lo mejor de la marca de Stuttgart y siempre que he terminado esas pruebas, he sentido un profundo vacío, como si me faltara algo. Y ¡¡claro que que faltaba!! Ese deportivo del que había que sacarme con palanqueta y descoser mis manos del volante cuando la Guardia Civil me obligaba a devolverlo en la Avenida de Burgos, sede de Porsche Ibérica en Madrid.
Por eso, frente al Panamera Diesel me mostré frío y distante, como Rick Blaine (Humphrey Bogart) con Ilsa Lund (Ingrid Bergman) al principio de Casablanca. Y nada mejor para guardar las distancias que pedir a otros conductores que lo condujesen y me contaran. Te anticipo que, al final, caí en la tentación.

Porsche Panamera DieselTodos, sin excepción, alabaron la estética del Panamera, su deportividad, su musculatura e, incluso, hubo quien dijo que era igual a un 911 al que habían añadido 479 mm en la zona central. Bueno, otra sutil diferencia es que el motor diésel se aloja bajo el capó delantero, pero, en lo básico, estoy de acuerdo, y añado que es un Porsche por los cuatro costados, con sus ensanchados pasos de rueda, su bajo perfil, su tremenda anchura y su característico sistema de propulsión posterior. Por diseño, no hay modelo comparable, el Panamera es un deportivo al uso, que nada tiene que ver con los coupés de cinco puertas ni con otros Gran Turismo. Por eso, su precio, 87.646 euros, está acorde a lo que ofrece, exclusividad.

Cabina de pilotaje
Mis eventuales probadores pasan al interior. Destacan, también por unanimidad, la excelente posición de conducción, la comodidad y agarre de los asientos, el grosor del volante, la cercanía de los mandos y la posición del cambio, tanto de la palanca como de las levas, incrustadas en los radios del volante. Hablan de una cabina de pilotaje, más que de un puesto de conducción. Están encantados y, uno tras otro, se sientan y tocan todo. Echan de menos un botón de arranque para, a continuación, preguntar por el alojamiento para la llave –tiene la misma forma que el Panamera–, que se ubica en la zona izquierda del salpicadero. Les llema la atención la consola central plagada de botones, lógicamente agrupados y de fácil acceso. Les explico que volante y cuadro de relojes son idénticos al del 911 Carrera. Ya me cuesta arrancarles del volante, pero tienen que juzgar también las plazas traseras y el maletero. Les sorprende la comodidad y ergonomía de los dos asientos y la amplitud de las plazas. El más alto, de 1,90 metros, no roza ni con el techo ni con los respaldos delanteros. Cuando les tocó viajar detrás durante la prueba, alabaron el confort y ninguno se quejo de exceso de ruidos o suspensión seca. Los 445 litros del maletero, ampliables a 1.263 litros, les parecidó suficiente para el equipaje.

Porsche Panamera DieselPregunto por la calidad y los ajustes, que a todos se les ha pasado. Respuesta en común: “de Porsche se presupone una calidad superior y unos acabados fantásticos. No se nos ha pasado, simplemente, es lo natural”. ¿Y de equipamiento? No tan completo como cabría de esperar. Monta de serie 10 airbag (incluidos de rodilla para conductor y acompañante), control de estabilidad PSM y de tracción, ayuda al aparcamiento trasero, luz diurna, programador de velocidad, climatizador, equipo de audio, pantalla de 4,8” en color, sensores de lluvia y luces… pero deja como opción los anclajes Isofix en los asientos traseros y el detector de vehículos en ángulo muerto, entre otros, y se olvida de sistemas como el avisador de cambio involuntario de carril, el de reconocimiento de señales, el de ayuda al aparcamiento activo y el control automático de luces largas, por ejemplo. En cambio, sí contempla frenos cerámicos, suspensión adaptativa, interior en cuero o asientos traseros eléctricos.

V6 que suena y marcha de maravilla
Antes de ponernos en marcha, comentó que el motor 3.0 V6 TDI del Panamera es el mismo que monta Audi, un turbodiésel de inyección directa por raíl común, turbo de geometría variable e intercooler, si bien bajo el capó del Porsche eroga 250 CV y con el cambio Tiptronic S de 8 velocidades nos permite alcanzar 242 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en 6,8 segundos. Lo segundo, lo prueban todos y salen impresionados de semejante empuje; de lo primero, tengo que estar muy pendiente para que no se me desboquen mis “potrillos”. El gorgoteo del motor a ralentí poco tiene que ver con el sonido de una mecánica diésel y a un par de ellos les trae a la mente la ronca musicalidad de los V8 de gasolina. Al primero en ponerse a los mandos le asombra el cambio, su rapidez y lo fácil que es subir y bajar marchas con las levas del volante, esté la palanca en posición automática o secuencial. Le pasma que el motor se pare delante de un semáforo, gracias al sistema start/stop, y lo rápido que arranca en cuanto levanta ligeramente el pie del freno. Otros modelos, le digo, entran en funcionamiento incluso cuando intentamos mover el volante. Critica, sin embargo, la escasa visibilidad por los retrovisores exteriores e interior, que posteriormente corroboran el resto, y la escasa capacidad de giro, que resta maniobrabilidad en ciudad.

Porsche Panamera DieselCambio de conductor y de ambiente. Entramos en la autopista y tengo que ir continuamente repitiendo “levanta un poco el pie, que vas a 140 km/h”. Casi lo mejor hubiera sido activar el control de velocidad, pero habría desparecido el encanto de manejar un Porsche. Todos mis ayudantes solapan la misma opinión: es dificilísimo conducirlo a velocidad legal: “nos pones la miel en los labios y nos pides que no la probemos. Imposible”. Confort de suspensión, sonoridad escasa, sensación de seguridad, estabilidad inigualable y respuesta inmediata al acelerador son elogios que le dedican. Pero ninguno tan expresivo como la cara de asombro que se les queda cuando miran el consumo a 90 km/h: ¡¡4,7 l/100 km!!, y a 120 km/h: ¡¡6,2 l/100 km!! Aunque más lógico les pareció los 8,8 l/100 km que gastó por ciudad, nadie duda que esos 6,5 l/100 km de media que anuncia Porsche, y que le habilitan para rodar 1.200 km sin repostar, puedan conseguirse sin problema.

Porsche Panamera DieselInvoco unas manos expertas para las curvas y, de repente, ¡¡todos son pilotos!! Lo cierto es que el Panamera es una madre y su precisa dirección sigue con exactitud las órdenes al volante. La sorpresa de no tener que rectificar a medio viraje y el excelente aplomo del que hace gala en la serpenteante carretera son los comentarios del día. Ahora sí, activo el botón Sport y la respuesta al acelerador es más rapida, los cambios se realizan a mayor régimen y suspensión y dirección se endurecen, incrementando la agilidad del Panamera. Un paso más, a Sport Plus, y todavía es más divertido, porque los controles de tracción y estabilidad dejan que deslice un poco más del tren trasero, aunque hay que andarse con mucho cuidado y manos rápidas. Enlaza las curvas como si de un deportivo compacto se tratase y apenas permite balanceos de la carrocería. Brillante el trabajo del motor, siempre lleno de fuerza, y del cambio, raudo y dispuesto a sacar el último relicho del V6.

Porsche Panamera DieselEstá claro que es otro purasangre de Porsche, que lleva curvas y placer al volante escrito en su genes. No quería entusiasmarme, por lo doloroso de la separación, pero vuelvo a caer en la tentación, más aún porque su consumo me ha dado kilómetros de diversión. Ahora, que me quiten lo “bailao”, porque como decía Rick Blaine, “siempre nos quedará París”.

Juan Luis Franco