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Comparativa BMW 520d, Mercedes E250

¿Chanel o Christian Dior? ¿Caviar ruso o iraní? ¿BMW o Mercedes? Elegir entre lo mejor va mucho más allá de aspectos puramente empíricos y transciende a lo emocional. Prueba de ello es lo difícil que me lo han puesto BMW 520d y Mercedes E250 CDi, aunque, si la crisis lo permite, la elección puede estar en otra pregunta: ¿clásico o actual?

Que los más suspicaces no busquen tres pies al gato y entiendan por «clásico» la definición que la Real Academia Española ofrece al respecto: «que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia». Mercedes-Benz siempre ofrece esa visión de clásico que nunca pasa de moda y la combina con los últimos avances del mercado. BMW, en este sentido, es más evolutiva y su famosa pregunta: ¿te gusta conducir?, está en el corazón de sus desarrollos que, al final, derivan en unos vehículos de corte más deportivo. Sin embargo, La mayor personalidad que emana el Mercedes frente a la deportividad del BMW no se corresponde del todo con la realidad, al presentar el primero un coeficiente aerodinámico de 0,26 frente al 0,28 del bávaro; es decir, la ciencia vence a la apariencia y, de paso, reduce consumo.

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Antes de entrar más a fondo a analizar los coches del presidente (no del gobierno, sino de cualquier compañía) o del director general que hemos escogido, nos detenemos un instante en algunas cualidades que deben tener. Los coches del presidente, como él mismo, deben ofrecer buena imagen, confianza y seguridad y, sobre todo en época de vacas flacas, consumir poco, sin renunciar a unas buenas prestaciones. BMW 520d y Mercedes E250 CDi tienen eso y más, porque equipan modernísimos cambios automáticos, para que sean más cómodos, y una completa dotación de seguridad, amén de diferentes sistemas para ayudar a bajar el gasto.

Igual de habitables
Las diferencias de tamaño entre nuestro protagonistas son muy pequeñas. El BMW mide 4.899 mm de longitud, 1.860 de anchura y 1.464 mm de altura, o lo que es lo mismo, es 31 mm más largo, 6 mm más ancho y 7 mm más bajo que el Mercedes. También la distancia entre ejes del 520d es superior, con 2.968 mm frente a 2.874. Son 94 mm que deberían marcar una mejor habitabilidad en el BMW, pero que no es así del todo, pues mientras sus plazas delanteras mejoran anchura y altura a las de su rival, el de la estrella le bate en todas sus cotas traseras y, además, ofrece mayor capacidad de maletero, 540 litros frente a 520.

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Uno y otro ofrecen suficiente espacio delante y los dos adolecen de unos asientos traseros labrados para dos cuerpos, porque la plaza central carece de ergonomía, es dura y se ve recorrido por un voluminoso túnel de transmisión que incomoda la posición de los pies.
Continúo revista al interior y en el salpicadero encuentro diferencias notables, no en calidad de materiales ni de ejecución, que en ambos es soberbia, pero sí en diseño y funcionalidad. El del Mercedes, más sobrio y de tono oscuro, concentra la mayoría de botones en la consola, equipa una pantalla de navegador más pequeña y ubica entre los asientos el controller, un mando giratorio que ofrece acceso a la mayoría de funciones. Junto a éste, el botón que nos permite escoger entre cambio manual, deportivo o económico. La palanca de cambios desaparerece de su lugar habitual para realojarse en la caña de la dirección. Por delante de ella, y a ambos lados del volante, las levas para subir y bajar marchas, que pueden utilizarse en cualquier momento, aunque el modo escogido sea el automático.

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BMW se decanta por un salpicadero bitono, que da más alegría al interior, una gran pantalla de navegador y menos mandos en la consola, que sólo aloja los del equipo de audio y los del climatizador. Esta sencillez contrasta con la complejidad del iDrive, el mando que se ubica junto a la palanca de cambios y que hace funciones similares a las del controller de Mercedes, aunque lo mejora al asignarle botones de acceso directo. En los dos, su manejo obliga a retirar la vista de la carretera. Como en el BMW, se puede escoger entre cambio automático, manual y deportivo, aunque las levas son opcionales. En nuestro caso, venía sin ellas, de forma que hay que desplazar la palanca hacia la derecha para insertar las marchas. También entre los asientos alberga el interruptor de confort de conducción, que dispone de posición Comfort y Sport y varía la dureza de la suspensión, la respuesta del acelerador, la asistencia de la dirección y la rapidez del cambio.

Equipamiento excepcional
Para comentar el equipamiento de estas dos berlinas necesitaría, al menos, otro par de páginas más, porque las tecnologías más modernas de seguridad y confort o son de serie u opcionales, pero están aquí. Ambos modelos de prueba incorporaban advertencia de abandono de carril mediante vibraciones en el volante, control de ángulo muerto, indicador de límite de velocidad, ayuda al estacionamiento, cierre automático del maletero… Además de 6 airbag en el BMW y 7 en el Mercedes (incluido el de rodilla), ABS con múltiples funciones, control de estabilidad y luz diurna en los dos; algunas de las delicatessen que puede montar el primero son aparcamiento asistido, cámara de marcha atrás, control de crucero activo con Stop&Go, BMW Night VIsion con reconocimiento de personas, dirección activa integral, control dinámico de suspensión, pantalla virtual Head Up Display, freno de mano eléctrico… El E250 CDI, por su parte, no dispone de tanto arsenal tecnológico, aunque el catálogo también es muy amplio: asistente de atención, asistente para visión nocturna, cámara de visión trasera, faros inteligentes, suspensión Airmatic, etcétera. Y ante tanta modernidad, Mercedes deja como reminiscencia del pasado el freno de estacionamiento de pie.

Con tan amplia dotación, las 5 estrellas EuroNCAP están más que justificadas, si bien el BMW merece atención especial por su brillantes notas: 95% en protección a adultos (86% el Mercedes), 83% en niños (77% el Clase E), 78% en peatones (59%) y 100% en asistencia a la seguridad (86% el de Stuttgart).

Comportamiento sobresaliente
En prestaciones, Mercedes está por delante de su rival, cosa lógica si tenemos en cuenta que su motor eroga 204 CV, por los 184 del 520d. Más notable es la diferencia en empuje y elasticidad, con un par máximo de 51,0 mkg desde 1.600 rpm el Clase E y 38,8 mkg desde 1.750 vueltas el Serie 5. Con el cambio 7G-Tronic, el Mercedes acelera de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos y alcanza 242 km/h de velocidad máxima, mientras que el BMW, con el cambio Steptronic de 8 marchas, invierte 8,1 segundos en el 0 a 100 km/h y sitúa su punta de velocidad en 225 km/h.
La diferencia de comportamiento entre ellos varía en función de los gustos del conductor, pero tienen en común una dinámica sobresaliente, que se traduce en un rodar muy estable y confortable en autopistas y autovías. Son solventes y seguros en los adelantamientos, más el Mercedes que el BMW, y el conductor disfrutará de un empuje constante y continuo. Viajar en las plazas traseras es una auténtica gozada y a la comodidad que transmite el coche en sí, se suma el silencio de marcha.

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En ciudad, el Mercedes se muestra más ágil en el callejeo, con una dirección más directa y una caja de cambios de transiciones más suaves, mientras que en carreteras de curvas, los dos presentan un excelente aplomo, si bien la menor altura del BMW y su suspensión más dura permiten menos balanceos de la carrocería. Es en este tipo de vías donde el BMW saca a relucir ese carácter más deportivo y se disfruta más de la conducción. Para ello, también el control de estabilidad DSC se desactiva a voluntad por etapas para dejar algo más de libertad al tren posterior. El Mercedes, por su parte, se agarra contundente al asfalto, pero el confort sigue siendo la nota dominante y las inercias son mayores, aunque apoya perfecto en curva y las negocia a tanta velocidad como el 520d.

Matrícula de Honor en consumo para los dos, aunque me he acercado más a los 4,9 l/100 km del Mercedes que a los 4,7 l/100 del BMW. Los sistemas BlueEFFICIENCY del primero –Start&Stop, bomba de agua y combustible bajo demanda, desarrollo más largo de la transmisión, recuperador de la energía de frenado…– me han llevado a un gasto medio de 6,0 l/100 km. Por el contrario, al carecer nuestro 520d de pruebas de Start&Stop, el gasto en ciudad subió y la media se estabilizó en 6,5 l/100 km, a pesar de su menor potencia y par.
Y hablando de economía, los 44.246 euros del 520d, frente a los 51.553 del E250 CDI pueden inclinar la balanza de su lado y dejar para mejor ocasión la incógnita emocional entre clásico o actual.

Juan Luis Franco