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Citroën C4 e-HDi 110 Airdream CMP6 Exclusive vs Renault Mégane Dynamique dCi 110 EDC Eco2

¿Qué coche compro? Es la típica pregunta que amigos y conocidos me hacen con frecuencia. Tras conocer qué uso van a darle y sus alternativas preferidas, consensuamos una respuesta. En muchos casos, cuando Citroën C4 y Renault Mégane son los elegidos, los argumentos rozan y, al final, acabas diciendo aquello de los dos son una apuesta segura.

Citroën C4 vs Renanult Mégane

Para este duelo de alto nivel he escogido las dos versiones turbodiésel más ecológicas y, por tanto, de menor consumo, la 1.5 dCi de 110 CV del Mégane y la 1.6 e-HDI, también de 110 CV, del C4. Limpios, pero también cómodos, de ahí que sean las más altas de la gama, Dynamique y Exclusive, respectivamente, y que monten cambio automático: de doble embrague EDC el Renault y manual pilotado CMP el Citroën. Agito todos los ingredientes en la coctelera y comienzo.

Aunque no voy valorar la estética, sí me atrevo a decir que ambos son modelos atractivos, que han dejado muy atrás a sus primeras generaciones. El nuevo diseño del C4 es vigoroso y llama la atención su fluidez de líneas, que remarcan los volúmenes y formas hasta conseguir una figura muy compacta, en la que cada trazo continúa intuitivamente al siguiente. Los faros delanteros, la parrilla y, en general, el frontal, transmiten fuerza. Los marcados pasos de rueda y la esculpida cintura acentúan esa sensación, que se prolonga en unos grupos ópticos traseros ceñidos al lateral y a la trasera y que abandonan su recorrido por la luneta, de forma que el portón parece más grande. La imagen del Citroën se sitúa a medio camino entre la de un turismo y la de un crossover. Esta impresión se refuerza en el incremento general de medidas: gana 50 mm en longitud (4.329 mm), 20 mm en anchura (1.789) y 30 mm en altura (1.489), mientras la distancia entre ejes se mantiene en 2.608 mm y las vías crecen.

El diseño del Mégane es mucho más conocido, pues lleva más tiempo en el mercado. Del convencionalismo de la primera generación se dio un importantísimo salto estético a la segunda, evolucionando hacia el modelo actual, con líneas más suaves que conservan la deportividad y agresividad y que sigue convenciendo a todo tipo de público. Ese talante «racing» transciende en sus cotas: es más corto (4.295 mm), más ancho (1.808) y más bajo (1.471) que el C4, al que supera en anchura de vías y distancia entre ejes (2.641).

Habitabilidad similar

El tamaño, sin embargo, no impide que ofrezcan una habitabilidad muy similar. Disponen de espacio suficiente en las plazas delanteras, en las que se viaja holgadamente, con uno asientos que recogen muy bien el cuerpo y lo sujetan cuando se necesita. Cuentan con reglaje lumbar (de ajustable eléctrico y con función masaje en el C4), en altura y en profundidad. Estos dos mismos ajustes los encontramos en el volante, facilitando la postura de conducción.

Detrás tampoco hay grandes diferencias y una persona de 1,85 metros no roza con las rodillas en los respaldos de los asientos delanteros ni con la cabeza en el techo. Los dos pecan de una plaza central incómoda, estrecha y con un túnel voluminosos. Los respaldos de los asientos traseros son abatibles por partes asimétricas; si bien para dejar un piso plano en el Renault, primero hay que bascular la banqueta, mientras que en el Citroën, no. Éste, además, presume de un maletero ligeramente mayor con las cinco plazas ocupadas, 408 litros (el Mégane, 405), que alcanza los 1.183 litros, frente a 1.129, cuando se abaten los respaldos traseros. En ambos, la boca de carga es enorme e introducir y sacar objetos no entraña dificultad. También está un punto por encima el C4 en cantidad y tamaño de huecos portaobjetos. Los de la puertas son grandes y pueden acoger botellas de 1,5 litros (imposible en el Renault) y se añaden a la amplia guantera, a los cajones bajo los asientos y a los de la consola central, entre los que destaca la ubicada por delante del cambio, que está refrigerada, iluminada, dispone de un cajón escamoteable junto a una toma de 12V y un puerto USB y se cierra por una cortina deslizante. Por detrás de la misma, otro pequeño hueco y, a continuación, otros dos más, el último, con enchufe de 230 voltios, bajo el resposabrazos delantero. Estos cuatro compartimentos de la consola central están disponibles exclusivamente con el cambio manual pilotado CMP y el freno de estacionamiento eléctrico, que liberan el espacio suficiente para poder integrarlos.

El Renault, por su parte, no es tan abundante en huecos, pero su guantera también es amplia; tiene espacio en las puertas, por delante de la palanca de cambios y dos compartimentos con tapa bajo los pies de conductor y acompañante, a los que se suman, como en el C4, los de las puertas traseras y el de la consola central posterior (con toma de 12V en el Mégane y de idéntica potencia en el maletero del C4).

Sofisticado frente a sobrio

La calidad de materiales y de terminación es notable en los dos, con plásticos blandos en la parte superior y frontal del salpicadero. Más duros y no tan aparentes en la zona baja, pero resistentes al trato duro. La sencillez y sobriedad del cuadro de mandos del Mégane contrasta con la sofisticación y diseño vanguardista del C4, que abandona el cubo fijo central del volante, aunque sigue posicionando multitud de pulsadores en el centro del mismo, ahora divididos en cuatro grupos: audio, teléfono, regulador-limitador de velocidad y confort. Los tres relojes combinan las informaciones analógicas y digitales y, gracias a efectos de profundidad y contraste, ofrecen una excelente legibilidad.

En uno y en otro, la mayoría de los mandos están al alcance de la mano, salvo los del limitador/regulador de velocidad y los del navegador del Mégane, que están entre los asientos, retirados de la vista. En cambio, me ha gustado más la ubicación de la pantalla del navegador del Renault, encima del salpicadero, en una zona bien visible, mientras que el del C4 se integra en la consola frontal, bajo las salidas de aire, en una posición que obliga a retirar la vista de la carretera.

En lo referente a equipamiento, el Citroën gana con diferencia, al montar opciones que, hoy por hoy, no están disponibles en el Mégane ni en muchos coches de su segmento, tales como alerta de cambio involuntario de carril, faros autodireccionables… Y en personalización interior, tres cuartos de lo mismo, al poder variarse el tono de los relojes y contar con distintos tipos de avisos polifónicos. En lo básico: 6 airbag, control de estabilidad, climatizador, encendido automático de luces y limpiaparabrisas, ordenador de viaje, elevalunas eléctricos delanteros y traseros… coinciden, aunque el C4 añade mucho más, como ayuda al arranque en pendiente, ayuda al estacionamiento delantero y trasero, llamada y asistencia localizada, asientos delanteros con función masaje, medición de plaza de estacionamiento disponible, regulador y limitador de velocidad programable y vigilancia de ángulo muerto, entre otros.

La diferencia de precio –el C4 cuesta 21.800 euros y el Mégane, 19.650–, es de 2.150 euros y se compensa, sin duda, con el mayor equipamiento del Citroën.

Limpios y económicos

Dos puntos fuertes más apoyan y garantizan la presencia de estos modelos en lo más alto de la lista de superventas durante mucho tiempo, su mecánica y su comportamiento dinámico.

En cuanto a la primera, Citroën y Renault utilizan un motor turbodiésel de inyección directa por raíl común, turbo de geometría variable e intercooler. Ambos con dos válvulas por cilindros y ambos fruto del downsizing. El del C4 con un poquito más de cilindrada que el del Mégane, pero nada significativo, porque los dos ruedan muy bien y sus prestaciones son parejas: el primero cubre el 0-100 km/h en 11,2 segundos y el segundo lo hace en 11,7, mientras que la velocidad máxima coincide, 190 km/h. En consumo, la balanza se inclina nuevamente del lado del Citroën, que gasta 4,2 l/100 km de media y emite 109 g/km de CO2, frente a 4,4 l/100 km y 114 g/km de CO2 del Mégane. El C4 obtiene mejor consumo gracias al sistema Stop&Start, que apaga el motor cuando el coche está parado o en fase de deceleración por debajo de 8 km/h, siempre que la batería disponga de carga suficiente. Dicho sistema, que reduce hasta un 15% el gasto de carburante y las emisiones de CO2, se completa con un alternador reversible de segunda generación, un e-booster, que pone en marcha el motor en menos de 0,4 segundos; un sistema de control electrónico del alternador, que recupera energía cuando el vehículo ralentiza, y una caja de cambios con desarrollos optimizados.

Y ya que menciono la caja de cambios, me quedo con la EDC de doble embrague del Renault Mégane, que es mucho más rápida, precisa y suave que la del C4. Me ha gustado su excelente funcionamiento y, si no fuera tan conservadora en las reducciones, estaría a la altura de la DSG de Volkswagen. Otra mínima crítica cabría por la ausencia de levas de cambio tras el volante (sólo se puede cambiar desde la palanca), pero imagino que todo llegará. Esta transmisión añade sistema de ayuda al arranque en cuesta (también el C4), que es francamente útil. El Citroën equipa la conocida caja manual pilotada, que no es tan rápida en las transiciones, ni precisa en las distancias cortas (al aparcar) ni suave en los cambios, lo que permite cierto cabeceo de la carrocería al pasar de una marcha a otra. Con ello no quiero decir que sea mala, sino que la del Mégane es de las mejores.

Sin embargo, hay que destacar la perfecta integración de la palanca en la consola del C4 y lo acertado de las levas de cambio tras el volante, que son grandes (pero no molestan) para poder accionarlas aunque el volante esté girado.

Ágiles en ciudad y cómodos en ruta

Agilidad en ciudad y confort en carretera son las principales características dinámicas de nuestros protagonistas. Con una suspensión más suave el C4 y más firme el Mégane, los dos destacan por la comodidad que brindan en ciudad, gracias a la suavidad del motor y al trabajo de las cajas de cambio en posición D, que evitan estar cambiando de marcha continuamente. Sus medidas similares y su radio de giro casi calcado les dotan de gran destreza para el callejeo, aunque a la hora de aparcar, la precisión del cambio del Mégane en maniobras a baja velocidad es difícil de contrarrestar por las ayudas al aparcamiento del C4.

En autovías y autopistas, pongo el cambio en automático… y a rodar. No hay grandes diferencias, aunque la mejor asistencia de la dirección y el aislamiento acústico más trabajado del C4 suman puntos extra. A 120 km/h, no hay apenas sensación de velocidad y te transmite mucha seguridad. El Mégane, por su parte, peca de una asistencia a la dirección algo dura y artificial y de una rumorosidad ligeramente superior.

Llegamos a una carretera repleta de curvas y el Renault toma un poco de ventaja, porque el calibrado más firme de muelles y amortiguadores permiten menos balanceos de la carrocería que en el C4 y, en frenadas bruscas, apenas cabecea. Tampoco hay problemas de aplomo y estabilidad en el Citroën, aunque no es tan fino como el Renault, al que supera en precisión y tacto de volante. En materia de frenos, los dos son contundentes y fácilmente dosificables y ninguno dio síntomas de fatiga durante la prueba.

Concluye el recorrido de pruebas y calculo el consumo. El gasto medio real del Mégane es de 5,1 l/100 km, exactamente el mismo que el del C4. Una semejanza más que, como el resto que recorren esta comparativa, hacen muy difícil la elección de una ganador, aunque el equipamiento, la tecnología y el acertado y moderno diseño interior y exterior del Citroën, que lo sitúan a la altura de modelos Premium, decantan la elección de su lado.

Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane
Citroën C4 vs Renanult Mégane


Juan Luis Franco