Santa María de la Piscina. El legado de un cruzado

Rutas Sagradas. Lugares míticos y mistéricos de España

La sobria y aislada iglesia riojana de Santa María de la Piscina no deja entrever, en un principio, lo que oculta su sorprendente historia, donde no se distingue fácilmente aquello que pertenece a lo legendario y lo que se refiere a lo real. Leyendas, relatos y mitos que guardan evocaciones cargadas de significados esotéricos y piadosos. Un lugar plagado de enigmas históricos, un templo de puro románico en vecindad con una necrópolis, unas reliquias traídas de Jerusalén y el nacimiento de la Orden de la Divisa. No es poco.


Nuestro decimoctavo capítulo de Rutas Sagradas va a introducirse en el legendario trasfondo de la basílica de Santa María de la Piscina. Aislada sobre un altozano, dominando el valle del Ebro y con la Sierra de Cantabria como telón de fondo, dicha basílica está considerada una de las joyas del románico riojano. Para añadir aún más interés al ya de por sí atractivo templo, su origen y nombre se remontan a la Primera Cruzada y la permanencia de su divisa real ha tenido que salvar vicisitudes y pleitos históricos, pero han llegado a la actualidad la iglesia, que fue objeto de una gran restauración hace décadas, y el linaje nobiliario unido a la divisa.

Hemos de remontarnos al siglo XI y a los hechos históricos que llevaron al Infante Ramiro de Navarra a unirse a la Primera Cruzada para hablar del templo. Los reinos de Navarra, Castilla y Aragón no perdían la posibilidad de ampliar sus inestables fronteras. En 1076, el rey de Navarra, Sancho Garcés IV, el Noble, hijo del gran García III Sánchez, el de Nájera, fue víctima de la traición de dos de sus hermanos, quienes lo asesinaron para quedarse con el trono. No llegó ese extremo, pues rápidamente Alfonso VI de Castilla se incorporó parte de los territorios de La Rioja y Sancho V Ramírez de Aragón anexionó la corona navarra a la de Aragón.


Mientras esto ocurría, un hijo ilegítimo del citado García III Sánchez cayó en una emboscada del rey moro de Zaragoza. Su hijo, el infante Ramiro, decidió ponerse a salvo en Valencia, cuyos territorios estaban bajo el dominio del Cid Campeador. Ramiro contrajo matrimonio con Cristina Elvira, la hija mayor del Cid, y enseguida se unió, con una pequeña hueste de fieles navarros, a la Primera Cruzada lanzada por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont. En 1099 ayudó a sitiar de la ciudad de Jerusalén, bajo las órdenes de Godofredo de Bouillón, y entró con su pequeño ejército por el tramo de muralla adosado a la Piscina Probática, o de Bethesda, aquella en la que eran lavadas las ovejas antes de ser sacrificadas en el templo de Salomón, la misma en la que Jesús sanó a un paralítico, según cuenta el Evangelio de San Juan. Al asaltar la ciudad, Ramiro encontró varias reliquias, entre ellas un trozo de la Vera Cruz, y con todas ellas volvió a la península.

El testamento de Ramiro

Retirado en el monasterio de San Pedro de Cardeña, donde está enterrado junto a su mujer, el infante navarro otorgó testamento, dejando a su primogénito el propio reino de Navarra. Según el citado testamento, hizo al abad Pedro Virila albacea de sus bienes y a su segundo hijo, Sancho, le dejó los territorios de Peña Cerrada, desde Vidaurreta hasta San Vicente de la Sonsierra, con el encargo de levantar en sitio a propósito una iglesia que, en recuerdo de su entrada en Jerusalén por la muralla adosada a la Piscina Probática, estuviera bajo la advocación de Santa María de la Piscina. En otra cláusula del testamento dispone la creación de la Real Divisa Familiar, a la que pertenecerán todos sus descendientes.


Unos años más tarde, ya muertos el infante Ramiro y Alfonso, rey de Aragón, cuando los navarros vuelven a conseguir la independencia de su reino y García Ramírez, el Restaurador, se convierte en monarca, el segundo hijo de Ramiro, Sancho Ramírez, toma posesión de los territorios de su herencia. Cumpliendo la voluntad de su padre y con la ayuda del Abad Virila levanta la Iglesia de Santa María de la Piscina, en la ladera meridional de la Sonsierra de Navarra. Su consagración, como basílica, corrió a cargo del Obispo de Calahorra en 1137.

En ese momento, también respondiendo al deseo de su padre, Sancho crea la Divisa, Solar y Casa Solar de la Piscina, proclamándose su primer Patrono ; además, añade a su apellido el nombre de la Casa-Solar, pasándose a llamar Ramírez de la Piscina y une a la institución el linaje de la casa real navarra y el de sus propios hijos.

La basílica

El templo es un bello monumento que ha conservado la pureza de su estilo románico, aunque en el siglo XVI se modificó la fachada y se le añadió un gran escudo, el de la Divisa Real. Construido en piedra de sillería, la homogeneidad de su conjunto llama la atención, a pesar de que en el siglo XIII se le añadieron la torre campanario del hastial occidental y una cámara, en el lado norte, que pudo servir para las reuniones de los diviseros.

Pocos lugares como éste nos remiten a tiempos de las cruzadas, concretamente a la primera cruzada. Hoy la arqueología nos habla de varias piscinas en Jerusalén, entre las que destaca la bíblica “de las ovejas”, en la que eran sumergidos estos animales para purificarlos antes de ser entregados al sacrificio en el templo. Es decir, estamos hablando de un lugar de purificación que el caballero cruzado “trasplantó” a la Rioja. Además, el caballero fundó una Orden de caballería en fecha muy cercana al nacimiento de los templarios en Francia. El cruzado volvió con una talla de la Virgen, un trozo de la Vercruz, pero algo más, de índole intangible.


Reliquias y Divisa Real

Son tantos los fragmentos de la supuesta cruz en la que fue crucificado Jesucristo que a modo de reliquias se conservaban en toda Europa que, con todas ellas, se decía que podía construirse un barco. Pero todo el interés de nuestro cruzado se centró en la construcción de la iglesia y en las indicaciones para la fundación de la orden de caballería; es decir, el legado no eran ni las reliquias ni siquiera la talla de la Virgen. El legado, como en tantas otras ocasiones, podemos suponer que era un conocimiento oral que se debía transmitir dentro de una estructura propicia: una orden de caballería.

Desde cualquier punto de vista parece indiscutible que en las órdenes de caballería convivían una devoción emanada del credo cristiano junto a corrientes esotéricas e iniciáticas. Como elemento de unión, el ideal caballeresco preconizaba una conducta afín a un elevado código ético y moral. El caballero Ramiro deja a sus descendientes la obligación de, además de ser caballero por nobleza de cuna, formar parte de una orden, lo que les implicaba un plus de responsabilidad. Y si a todo ello se unen los enigmas de la propia Divisa, los curiosos símbolos de su escudo y la misma historia de la Orden, el enigma del templo está más que servido.

Esther de Aragón

www.damadelsur.com

  • Ficha técnica de Rutas Sagradas
  • Título: Rutas Sagradas. Lugares Míticos y Mistéricos de España
  • Sebastián Vázquez y Esther de Aragón
  • Ed.: La Esfera de los Libros, Col. Palmyra. Madrid, 2015