Opel Grandland X Excellence 1.6 CDTi Start&Stop 120 CV

Sin Fronteras

El buque insignia de la gama todocamino de Opel presenta un atractivo exterior de corte clásico, un interior muy habitable, un motor, el 1.6 CDTi de 120 CV, potente y económico y una versatilidad de uso, con IntelliGrip, que permite sortear caminos vedados para otros SUV, despejando fronteras a una utilización racional fuera del asfalto, pero sin pasarse.

Sirva este título también para recordar a aquel todoterreno, el Frontera, que fabricado a principios de los 90 del siglo pasado abrió las puertas al campo a muchos inconformistas. El Grandland X, aunque no tiene su capacidad de tracción, transmite la fuerza al eje delantero y no a las cuatro ruedas, comparte medidas similares y, con el sistema IntelliGrip, puede aventurarse por terrenos impensables para otros SUV, si bien su altura al suelo y resto de cotas todoterreno, la propia tracción y la ausencia de reductora aconsejan evitar los terrenos difíciles. Lo digo con consecuencia de causa, porque realicé una profunda prueba al sistema por arena, barro y nieve, (tres de los cinco modos de funcionamiento que ofrece, junto a Normal y ESP Off) con resultados, en principio, mucho mejor de los esperados. Por arena, tampoco era un bancal, el ligero patinamiento de las ruedas me permitió avanzar sin demasiada dificultad y sin que el Grandland X se hundiese en momento alguno. Por nieve, notaba actuar al control de tracción, ralentizando la rueda que perdía tracción y pasando par a la que mejor agarre tenía. El avance fue constante y mi periplo por nieve se resolvió con buen resultado. Por barro la cosa fue bien distinta, si bien aquí el desconocimiento del camino por el que transitaba me jugó una mala pasada, que al final se resolvió con un poco de ayuda, que agradezco, y habilidad al volante.


El caso es que trace ruta desde Tamajón a Matallana, en Guadalajara, por un camino que, en principio, no parecía complicado. Días atrás había llovido fuerte y el terreno estaba embarrado, ideal para probar el modo Barro del IntelliGrip. Llegué fácilmente a La Vereda, pueblo semi-abandonado que ilustra como pocos la arquitectura negra de la zona, y continué por el camino para, a los pocos kilómetros, encontrarme con los primeros barros, que pasé sin dificultad. A medida que avanzaba, la cosa no presentaba buena pinta y no ya sólo por el barro, sino por lo abrupto del terreno y la orografía, que al final de fuertes pendientes precipitaba la acumulación de barro y el agua. Pero seguí y encontré el primer gran obstáculo, un tramo de unos 20 metros de longitud cubiertos de barro y agua. Tras observar la profundidad, persistí en llegar a Matallana y lo pasé a baja velocidad, sin acelerones y corrigiendo continuamente al volante. El modo Barro, que permite un resbalamiento mayor de las ruedas con mínima tracción, de forma que no profundiza en el terreno, sino que retira al barro, me ayudó a llegar al otro lado. A partir de ese punto, el camino parecía despejado, pero se me cruzó otro largo tramo de profundo barro, con agua y roderas. Tenía unos 50 metros de longitud. Paré, bajé y analicé la situación. No había vía de escape hacia detrás para volver por donde había venido. En cambio, al terminar el tramo había una curva en la que podría dar la vuelta. Así que, manos a la obra y ¡adelante! Superado prácticamente el bancal de barro, el Grandland X encayó y… hasta aquí puedo contar. Calce las ruedas, vacié buena parte del charco y no había manera, las ruedas giraban sin adherencia alguna. Al poco tiempo, llegó un todoterreno puro y duro, que sorprendido por hasta dónde había llegado, pasó el tramo, no sin dificultad, y me ayudó a salir. El conductor, que ya había rodado por allí en otras ocasiones, me advirtió que el camino era mucho peor, así que se imponía cruzar de nuevo por esa zona, para lo cual tenía que llegar a la curva y atravesar otra zona embarrada. Preparamos ligeramente el terreno, rellenando de piedras una zona en la que una de las ruedas tendría buena tracción y crucé, di la vuelta en la curva y recordé todo lo que había aprendido y practicando en curso de conducción en barro. Con la confianza que te da llevar un todoterreno de apoyo, puse en marcha el Grandland X y con decisión pasé ambas zonas. El resto, hasta llegar a Tamajón, fue coser y cantar. Allí, mientras tomábamos un tentempié, el conductor del 4×4 dijo estar sorprendido por la buena capacidad off-road del todocamino de Opel, a lo que añado el confort de suspensiones, que atenúan los grandes baches con una respuesta suave y contenida.


Tras la tempestad…

… llega la calma y el momento de extraer conclusiones. Primera, la ya mencionada eficacia de muelles y amortiguadores y su respuesta ante terreno inhóspito. Segunda, el buen funcionamiento del sistema IntelliGrip. Tercera, su buena capacidad fuera de la carretera. Y cuarta, el todocamino de Opel es uno de los mejor preparados y más capaces del mercado fuera y dentro de la carretera, como veremos.

Con estas premisas como base, os podéis hacer una idea de su comportamiento dinámico sobre asfalto. Por ciudad, con los asistentes a la conducción conectados es difícil tener el más mínimo roce, porque la batería de sensores advierten de que te aproximas demasiado al coche de delante o de detrás al aparcar, a lo que suma la cámara de visión de 360º y el asistente de aparcamiento automático; el de testigo de vehículo en ángulo muerto te alerta de vehículos en los laterales y el de mantenimiento de carril te avisa cuando te vas a salir y corrige la trayectoria con una leve intervención sobre el volante. Además, el control/limitador de velocidad te salvará de más de una sanción, siempre y cuando fijes la velocidad correcta a cada tramo. Lástima que no interactúe con el radar de proximidad, como en otros modelos, para mantener la distancia de seguridad. Al volante, con excelente visibilidad hacia todos los ángulos, gracias también a la posición elevada de conducción, se muestra muy ágil al callejear, el cambio es rápido, preciso y capaz de sostener velocidades legales con buena respuesta del motor al acelerador con relaciones largas, lo que deriva en menor consumo, a lo que también colabora el sistema Start&Stop, que ahorra combustible y emisiones.


Por autopistas y autovías, los ergonómicos asientos delanteros, con reglajes en altura, profundidad y lumbar, el completo sistema de infoentretenimiento (con equipo de audio, navegador, sistema manos libres compatible con Apple Carplay y Android Auto, punto de conexión Wi-Fi 4G… sobre pantalla de 8″), la agrupación lógica de los distintos mandos y el buen número de huecos portaobjetos en torno al conductor (bajo el mando de las luces y en las consolas frontal y central) refuerzan un agrado de marcha que te llevarán a tu destino tan seguro y fresco como si no te hubiese movido del sillón de tu casa. Juega a su favor, asimismo, el equilibrado compromiso entre confort y estabilidad de suspensiones, la fuerza, suavidad y silencio de funcionamiento de la mecánica y la concreción de la dirección. Dicho de otras forma, absorbe con dulzura los baches para que ni los notes y en curvas rápidas vira estable y prácticamente plano; sus prestaciones (0 a 100 km/h en 11,8 segundos y velocidad máxima de 189 km/h) son más que suficientes para mantener elevados cruceros en viajes largos y adelantar sin inmutarse y copia las órdenes al volante y sientes lo que sucede bajo las ruedas.

En carreteras de montaña, el motor 1.6 CDTi de 120 CV hace gala de buen empuje a bajo y medio-alto régimen, la transmisión entona bien los cambios y las suspensiones contienen bien los balanceos, facilitando cambios de apoyo rápidos que, en conjunto, avalan un Grandland X de reacciones predecibles y dominables. En cuanto a los frenos, siempre dispuestos a demostrar su efectividad, son fácilmente dosificables al pedal, enérgicos con la distancia de frenada y no acusaron fatiga alguna durante la prueba. Por lo que respecta al consumo, la media en el recorrido habitual fue de 5,1 l/100 km, un excelente promedio para un todocamino de su envergadura, pero que contiene el peso en 1.393 kilos, por debajo de la mayoría de sus rivales, lo que le permite recorrer, como nos tiene acostumbrados Opel, más de 1.000 km sin parar a repostar.


Calidad y habitabilidad

Ambos adjetivos pueden aplicarse tal cual al Grandland X. Muestra clase en materiales empleados, ajustes y diseño del salpicadero. La mayor parte de los plásticos son blandos y la unión entre ellas es muy buena, de modo que no oirás el más mínimo “grillo”. Con unos asientos delanteros, como he dicho, ergonómicos, cómodos y ajustables, y una volante regulable en altura y profundidad, enseguida te haces a sus mandos, más aún porque están al alcance del conductor y agrupados donde intuitivamente la mano te lleva. El cuadro de instrumentos, de fondo oscuro y grafía en blanco, se lee e interpreta fácilmente y cuenta con tacómetro, velocímetro, relojes de temperatura y combustible, todo ellos analógicos, mientras que la parte central se reserva para la pantalla del ordenador de viaje que también puede mostrar velocímetro digital, señales de tráfico, control/limitador de velocidad…

Detrás homologa tres plazas, de las que las laterales son más cómodas y espaciosas que la central, que además hace las veces de apoyabrazos con portavasos integrado. No se ajustan, como en algunos de sus rivales, ni en inclinación de respaldo ni en longitud de banqueta. Aún así, son holgados para piernas, caderas y altura, si bien con la central ocupada notaremos cierta estrechez al nivel de los hombros.


Sus respaldos se abaten se abaten por partes asimétricas (bien desde el propio asiento, bien desde los tiradores que hay en el maletero), aumentando la capacidad del maletero de los 514 a los 1.612 litros y dispone de piso a dos alturas, que en el superior deja una superficie de carga prácticamente plana. Dispone de anclajes de amarre, ganchos para bolsas, luz y una toma de 12V. De formas regulares y con una amplia boca de carga, es práctico y utilizable, amén de cómodo y puede abrirse desde el propio tirador, desde la llave o pasado el pie por debajo. Este último funciona realmente bien.

Con un equipamiento generosos, tanto a nivel de confort como de seguridad (de ahí sus 5 estrellas EuroNCAP), su precio, 25.231 euros, es de los más competitivos del mercado y uno de los mejores en relación precio-equipamiento.

Versátil por capacidad de empleo, ajustado en precio, muy seguro, tecnológicamente avanzado, económico por consumo… no echarás nada en falta en el Grandland X, un todocamino que, con IntelliGrip, destaca por su formidable dinámica de marcha y pone un pie, o los dos, más allá del asfalto.

Juan Luis Franco

FICHA TÉCNICA

Datos del fabricante

MOTOR

  • Disposición: Delantero transversal
  • Nº cilindros: 4, en línea
  • Cilindrada (c.c.): 1.560
  • Nº válvulas por cilindro: 2
  • Alimentación: Inyección directa por raíl común, turbo de geometría variable e intercooler
  • Potencia máxima/rpm: 120 CV/3.750
  • Par máximo/rpm: 30,6 mkg/1.750

TRANSMISIÓN, DIRECCIÓN Y FRENOS

  • Tracción: Delantera
  • Caja de cambios: Manual, 6 velocidades
  • Dirección: Cremallera asistida eléctrica
  • Diámetro de giro: 11,0 metros
  • Frenos delanteros: Discos ventilados
  • Frenos traseros: Discos

SUSPENSIÓN

  • Delantera: Independiente, tipo McPherson, resortes helicoidales, amortiguadores y barra estabilizadora
  • Trasera: Rueda tirada con elemento torsional, resortes helicoidales y amortiguadores
  • Neumáticos: 225/55 R18

PESOS Y MEDIDAS

  • Peso en orden de marcha: 1.393 kilos
  • Long./Anch./Altura: 4.477/1.856/1.609 mm
  • Capacidad depósito: 53 litros
  • Capacidad del maletero (mín./máx.): 514/1.652 litros

PRESTACIONES Y CONSUMOS

  • Aceleración de 0 a 100 km/h: 11,8 seg.
  • Velocidad máxima: 189 km/h
  • Consumo urbano: 4,7 l/100 km
  • Consumo extraurbano: 3,5 l/100 km
  • Consumo medio: 4,0 l/100 km

EURONCAP: 5 estrellas (2017)