Mercedes GLC 220 d 4MATIC

Habla con suavidad y lleva un buen garrote; llegarás lejos

Esta célebre frase de Theodore Roosevelt puede aplicarse sin ambages al trabajo realizado por Mercedes en nuestro protagonista. Porque el GLC 220d 4Matic destaca por el potente “garrote” de 170 CV que oculta bajo el capó y que, acoplado a la caja de cambios 9G-TRONIC, transmite sedosidad de funcionamiento, de marcha, de confort, de silencio… Y si, además, llega acompañado por una atractiva imagen y una excelente calidad de acabado y de ajustes, el “llegarás lejos” no es una predición, sino una realidad constatable.

Sustituto del GLK, el GLC bate a su antecesor en todo. Es más grande, menos pesado y su aerodinámica se ha mejorado. Mide 120 mm más de longitud que el GLK, 50 mm más de anchura y 118 mm más de distancia entre ejes. Por el contrario, rebaja la altura 25 mm, dándole un aspecto más afilado que contribuye a optimizar el coeficiente aerodinámico, que pasa de 0,34 a 0,31 Cx. A pesar del incremento de cotas, el GLC pesa 80 kilos menos, de los que 50 corresponden al empleo de aluminio en aletas delanteras, capó y techo.


Estéticamente, el frontal rezuma poderío, con la estrella al frente, como signo de identidad de marca, y los faros, con luces diurnas led, enmarcando la calandra de dos tiras cromadas que sobresalen del fondo negro. Cromados que también rodean la toma de aire inferior y que, junto con las otras dos laterales y el capó alargado y esculpido, llenan de vigor y movimiento la parte delantera. En el lateral, las ruedas 235/60 R18 llenan los pasos ofreciendo una grata sensación de aplomo, mientras que los tiradores de puerta, del mismo color que la carrocería, contrastan con los perfiles satinados que rodean las ventanillas y las barras plateadas del portaequipajes. No hay antena ni apéndices que sobresalgan, ya que se han integrado en los retrovisores y en el alerón del techo, lo que conforma un perfil sencillo y aerodinámico. La zaga parece dividida en dos partes, con las ópticas separando ambas. En la superior, el alerón, la luneta y el nombre del modelo y la versión, a ambos lados de la estrella, le dan un aspecto recogido y compacto. El inferior aloja las ópticas y la matrícula y, a continuación, el protector de bajos plateado que integra las salidas de escape y que ponen el punto deportivo.

El interior respira calidad y solamente el sonido del abrir y cerrar las puertas denotan que la hay a raudales. A pesar de la cantidad de objetos que aloja (cuadro de instrumentos, salidas de aire, mandos…), el salpicadero es sumamente sencillo y todo lo encuentras al instante. Las salidas de aire, sobre todo, las tres centrales, y los relojes redondos contribuyen a esta sensación de encontrarnos ante un salpicadero muy lleno.


Todo en su sitio

A la izquierda del volante se ubican los mandos de las luces y del freno de mano eléctrico, que se desactiva solo al iniciar la marcha y se activa al poner el cambio en posición de parking (P). Para facilitar el acomodo, el volante se ajusta en altura y profundidad. Esos mismos reglajes los encontramos en los asientos delanteros, si bien el de altura es eléctrico y el longitudinal, manual. Pero, sigamos con el volante. Es de tres radios, de diámetro correcto y alberga en su interior mandos que dan acceso a múltiples funciones, como el ordenador de a bordo, ajustes de seguridad, órdenes por voz, teléfono manos libres o sonido del equipo de audio, entre otros. Asimismo, adosadas tras el mismo están las levas del cambio, la izquierda para reducir marchas y la derecha, para subirlas. El diseño del volante, de color negro con incrustaciones de aluminio, ofrece un magnífico aspecto, que te incitan a manejarlo ya mismo. Por detrás, a diferencia de modelos de otras marcas, cuenta con dos palancas, una para los intermitentes, que además integra el limpiaparabrisas, y otra para el cambio, comodísimo y rápido de utilizar una vez te acostumbras a no buscarlo en la consola central, lo cual harás en un santiamén. El cuadro de instrumentos se configura con el velocímetro (con nivel de carburante) y el tacómetro (con temperatura del motor) analógicos a los extremos y la pantalla a color del ordenador de a bordo y demás funciones en el centro.


La parte superior de la consola frontal es para la pantalla de infoentretenimiento, muy bien ubicada para retirar lo mínimo posible los ojos de la carretera. En ella, que desafortunadamente no es táctil, pero sí a color, puede mostrar navegación, radio, soportes multimedia, teléfono y configuración, ajustes y datos del GLC, como los diferentes modos de conducción, que se seleccionan desde el pulsador Dynamic situado en la consola central, junto a los de ayuda al aparcamiento, cambio manual, Start&Stop, volumen y apagado del audio y ESP. Además, entre toda esa botonería, se aloja una rueda de selección que facilita el acceso a las distintas funciones de la pantalla y, por encima suyo, un panel táctil con tres pulsadores de acceso directo al sistema de infoentretenimiento. Y ya que menciono el acceso directo, justo por debajo de las tres salidas de aire centrales se encuentran los mandos del completo climatizador, el lector de CD y, de nuevo, botones de acceso directo a los distintos menús de pantalla, de forma que podemos utilizarlos desde ellos o desde la rueda de selección. Un poco más abajo cuenta con un portaobjetos, con portabebidas integrado, de correcta capacidad. Ambas consolas, la frontal y la central, combinan el negro brillante con inserciones en aluminio, lo que las da un lucido aspecto, aunque la brillatez del negro hace evidente cualquier mota de polvo y es prácticamente imposible mantenerlas pulcras. Entre los asientos se instala el reposabrazos, con cofre y tomas USB y lector de tarjetas SD en su interior. Frente al pasajero, la guantera con llave es amplia y permite que desalojemos todo aquello que llevemos en el bolsillo y nos pueda molestar al conducir. Finalmente, en la parte superior, junto al retrovisor, se ubican los botones de SOS de ayuda en caso de accidente y los de conexión con servicios oficiales Mercedes, entre otros. Conviene llevar siempre bien regulado este retrovisor interior, no sólo para ver lo que sucede por la luneta trasera, sino también para observar los testigos luminosos del sistema de ayuda al aparcamiento, situados en una posición elevada en dicha zona. Bien es verdad que nuestra versión incorporaba cámara trasera, con la que es mucho más fácil saber cuán cerca están los objetos, paredes o columnas.


El confort, lo primero

Perfectamente acoplado en el puesto de conducción, lo primero que se te pasa por la cabeza es el confort. La comodidad y amplitud de los asientos, que recogen perfectamente el cuerpo en fuertes apoyos, la facilidad de manejo de todos los mandos, y el silencio que se respira, incluso con el coche en marcha. Antes de pulsar el botón de arranque, me doy “una vuelta” por las plazas traseras, en las que hay espacio más que suficiente para piernas, caderas y altura, y algo menos para hombros, lo que puede suponer un ligero inconveniente si un tercer adulto ocupa la posición central, también por el voluminoso túnel y por la falta de ergonomía de dicha plaza. No olvida la marca de la estrella dotar a las plazas traseras de salida de climatizador, para que no haya protestas a causa del calor ni del frío. Los respaldos de los asientos pueden abatirse asimétricamente o dejando el central, más estrecho, plegado, de forma que pueda transportarse objetos largos, como palos de golf, esquíes… También dispone de dos regulaciones de respaldo, aunque la más vertical es incómoda.

Respecto al maletero, sus formas regulares y el umbral de carga a ras del piso facilitan la entrada y salida del equipaje. Cubica 550 litros y puede llegar a los 1.600 abatiendo los respaldos traseros, maniobra sumamente fácil y que puede realizarse desde el propio maletero, mediante sendos botones situados en sus paredes, o desde el interior, también con idénticos mandos junto a los asientos laterales.

El equipamiento de serie de la versión probada es bastante completo y no echarás nada en falta, aunque puede mejorarse con múltiples opciones, entre las que no dudo en recomendar los sistemas de asistencia a la conducción, como el de detector de vehículo en ángulo muerto o el de mantenimiento de carril.


Mecánica y dinámica

Tras este rápido repaso, vayamos a dos de los puntos más destacados del GLC, la mecánica y el comportamiento. El motor es un 2,2 litros que entrega 170 CV entre 3.000 y 4.200 vueltas, por lo que siempre lo encontrarás lleno de potencia, a lo que contribuye, sin duda, su elevado par máximo, 40,8 mkg entre 1.400 y 2.800 rpm. Además de su progresividad, es importante reseñar su baja sonoridad y, sobre todo, su suavidad de funcionamiento, una auténtica delicia. En este punto tiene mucho que ver el cambio 9G-TRONIC, rápido y sedoso en el paso de una marcha a otra, y la tracción integral 4MATIC, que reparte el 45% de la fuerza al eje delantero y el 55% al trasero, de manera que el GLC rueda tan seguro como si lo hiciera sobre raíles. Y no sólo en carreteras de montaña, sino también sobre superficies deslizantes dentro y fuera de la carretera. 4MATIC prescinde de bloqueos de diferencial y frena rápida y automáticamente de forma selectiva las ruedas con baja adherencia, al tiempo que incrementa el par en las que tienen buena tracción, consiguiendo el mismo efecto que tres bloqueos de diferencial. Al ponerse en marcha sobre suelo resbaladizo y en maniobras críticas de manejo, el sistema dosifica los impulsos automáticos y mejora la tracción, valiéndose de los datos de los sensores que miden las vueltas de las ruedas, el giro del volante, la velocidad de guiñada y la aceleración transversal del GLC.

Al volante, la posición elevada de conducción permite anticipar en el entorno urbano y dirección, motor y cambio hacen lo propio a cualquier requerimiento sobre el acelerador o el freno. Dependiendo del modo elegido: ECO, Comfort, Sport, Sport+ o Individual, que varía los parámetros de climatizador, acelerador, asistencia de la dirección y cambio automático, la respuesta del GLC es bien distinta y pondera más hacia la eficiencia o hacia las prestaciones. Prestaciones que brillan a la misma altura que el resto de este todoterreno, con una velocidad punta de 210 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 8,3 segundos. El consumo medio durante la prueba fue de 6,3 l/100 km, 1,3 l/100 km más que la homologada por el fabricante.

Por ciudad, aunque tiene buena longitud y anchura, maniobra con agilidad, incluso en pasos estrechos, y las ayudas al aparcamiento delantero y trasero evitan, siendo cuidadoso, que toquemos a otros coches o que las llantas rocen contra las aceras. El sistema de arranque y parada automático funciona con rapidez y basta aligerar la presión sobre el freno para que el GLC arranque con suavidad y sin apenas vibraciones.


Pero donde luce esplendoroso el todoterreno de Mercedes es por carretera, donde aporta una seguridad enorme gracias a la tracción a las cuatro ruedas, a la posición elevada de conducción y a que la transmisión automática te permite olvidarte de los cambios e, incluso, de que existan, porque la suavidad en las transiciones es enorme y el rodaje muy uniforme. En posición ECO, alcanzada la velocidad de crucero, sueltas el acelerador y rueda por inercia, desacoplando motor y cambio de la transmisión, lo que reduce el consumo de carburante. Silencioso incluso en la rodada, viajar en el GLC es como hacerlo en una berlina de alta gama.

En carreteras de montaña, copia las órdenes al volante y sigue sin esfuerzo la trazada. Es el momento de disfrutar de la conducción y selecciono la posición manual, para cambiar desde la levas. Aunque tiene un margen de reserva amplio; es decir, cambia solo cuando llega al límite, te permite disfrutar de una jornada lúdico-deportiva sin problemas, con cambios rápidos y sin soltar las manos del volante. Apoya con aplomo en curvas cerradas y negocia los virajes más rápidos con enorme seguridad, sin que la suspensión se descomponga en balanceos. Los frenos dosifican bien y no acusan fatiga en uso intenso.


Fuera de la carretera, sus cotas todoterreno te permitirán transitar por caminos, pero ojo, la ausencia de reductoras aconsejan no meterlo por caminos muy rotos. Es más un todocamino orientado al campo que un todoterreno orientado a la carretera.

Mercedes ha hecho un excelente trabajo con el sustituto del GLK, un modelo que con el motor turbodiésel de 170 CV, el cambio 9G-TRONIC y la tracción 4MATIC se muestra ideal, cómodo y seguro para rodar sobre cualquier superficie. Si a ello añadimos un precio similar al de sus rivales, 48.575 euros, un completo equipamiento y una dinámica sobresaliente, no cabe duda que, como dijo el presidente estadounidense, llegará lejos.

Juan Luis Franco

FICHA TÉCNICA

Datos del fabricante

MOTOR

  • Disposición: Delantero longitudinal
  • Nº cilindros: 4, en línea
  • Cilindrada (c.c.): 2.143
  • Nº válvulas por cilindro: 4
  • Alimentación: Inyección directa por raíl común, turbo de geometría variable e intercooler
  • Potencia máxima/rpm: 170 CV/3.000-4.200
  • Par máximo/rpm: 40,8 mkg/1.400-2.800

TRANSMISIÓN, DIRECCIÓN Y FRENOS

  • Tracción: A las cuatro ruedas
  • Caja de cambios: Automática, 9 marchas
  • Dirección: Cremallera asistida eléctrica
  • Diámetro de giro: 11,8 metros
  • Frenos delanteros: Discos ventilados
  • Frenos traseros: Discos ventilados

SUSPENSIÓN

  • Delantera: Independiente, tipo McPherson, muelles helicoidales, amortiguadores y barra estabilizadora
  • Trasera: Independiente multibrazo, muelles helicoidales, amortiguadores y barra estabilizadora
  • Neumáticos: 235/60 R18

PESOS Y MEDIDAS

  • Peso en orden de marcha: 1.845 kilos
  • Long./Anch./Altura: 4.656/1.890/1.644 mm
  • Capacidad depósito: 66 litros
  • Capacidad del maletero (mín./máx.): 550/1.600 litros

COTAS TODOTERRENO

  • Ángulo de entrada: 21,7º
  • Ángulo de salida: 23,1º
  • Ángulo ventral: 16,8º
  • Altura libre: 181 mm
  • Altura de vadeo: 300

PRESTACIONES Y CONSUMOS

  • Aceleración de 0 a 100 km/h: 8,3 segundos
  • Velocidad máxima: 210 km/h
  • Consumo urbano: 5,5 l/100 km
  • Consumo extraurbano: 4,7 l/100 km
  • Consumo medio: 5,0 l/100 km

EURONCAP: 5 estrellas (2015)