El vehículo autónomo y la movilidad del futuro

Su popularización en niveles 4 y 5 llegará entre 2040 y 2060

Hasta hace poco, los vehículos sin conductor habían estado presentes sólo en el ámbito de la ciencia ficción. En los últimos años, desde que Google lanzara un prototipo de vehículo autónomo, lo que parecía algo difícilmente imaginable se ha convertido en realidad.

Los vehículos auto-conducidos se caracterizan por su capacidad para desplazarse de manera independiente debido a que disponen de un conjunto de herramientas, como el láser, radar, sistema de posicionamiento global, visión artificial, etc., que les permite percibir el entorno que les rodea y tomar decisiones en consecuencia. Se distinguen cinco niveles de automatización en función de las capacidades que el vehículo es capaz de llevar a cabo sin ayuda humana. El nivel 5 implica que el vehículo se desplaza de manera independiente sin ningún tipo de ayuda por parte de sus ocupantes.


Son ya varios los fabricantes de vehículos que están trabajando en programas para producir modelos que se puedan comercializar. En el ámbito de los vehículos auto-conducidos se distingue entre “vehículos autónomos”, que se mueven de manera independiente detectando otros vehículos (comunicación V2V) y obstáculos en su entorno, de manera similar a como lo hacen los humanos; y “vehículos conectados”, que se comunican a otros vehículos (V2V) a la infraestructura (V2I) y a la nube (V2C) a través de un sistema centralizado que, además de permitirles navegar, ofrece otros servicios encaminados a la toma de decisiones de los usuarios y la adecuada gestión de los flujos de tráfico en la red. El vehículo auto-conducido es una de las invenciones que revolucionará la humanidad. No obstante, la revolución no está tanto en el desarrollo tecnológico en sí, como en las implicaciones que tendrá en el modo en que la sociedad se organiza, se relaciona y entiende su vida. Algunas pinceladas que muestran el impacto de este cambio de paradigma son, por ejemplo, el hecho de que el uso de un vehículo no será ya un problema para aquellas personas que no conduzcan bien por dificultades físicas o por razones de edad. Eslóganes como “si bebes no conduzcas” perderán toda su fuerza con la conducción autónoma. El llevar los niños al colegio dejará de ser una preocupación para muchos padres. Disponer de un vehículo en propiedad dejará de ser una opción económicamente rentable para muchas personas debido a la posibilidad de utilizar vehículos sin conductor, etc.

Popularización

Uno de los temas que despiertan mayor interés es cuál va a ser el grado de penetración a lo largo del tiempo de esta tecnología. ¿Será fácil pasar de la situación actual a un escenario de completa o casi completa automatización? ¿Cuánto tiempo llevará? ¿Cómo será la circulación cuando convivan vehículos auto-conducidos y tradicionales?


Diferentes trabajos apuntan a que existirá una adopción casi generalizada del vehículo auto-conducido en niveles 4 y 5 entre el 2040 y el 2060. La amplia holgura del rango da una idea de la gran incertidumbre que existe al respecto. La introducción de esta tecnología dependerá de manera sustancial del coste que tenga para las personas, que se espera que vaya disminuyendo a lo largo de los años; de la adopción de una adecuada regulación sobre responsabilidad civil en caso de accidentes; y de la propia adaptación y experiencia de las personas a esta nueva experiencia.

Una de las consecuencias del vehículo auto-conducido será previsiblemente que los vehículos de alquiler compartidos (taxis autónomos) resultarán mucho más baratos de lo que son los taxis en la actualidad al desaparecer el coste laboral. Esta situación llevará a que a muchas personas no les compense económicamente disponer de un vehículo en propiedad. En otras palabras, probablemente haya menos vehículos, pero mucho mejor aprovechados. Es importante tener en cuenta que en la actualidad la mayoría de los vehículos se encuentran aparcados entre 22 y 23 horas al día. La mayoría de los estudios son favorables a considerar que el vehículo autónomo dará lugar a un crecimiento de la movilidad medida en vehículos × km debido a varias razones: los costes del transporte serán menores, personas que antes no podían conducir por edad, salud o no disponer de licencia podrán usar ahora un vehículo…


Infraestructuras y congestión

Parece cierto que el número de kilómetros recorridos por los vehículos aumentará, lo que en principio no es una buena noticia si se pretende reducir la congestión. Cuando un pasajero no conduce, estará menos dispuesto a admitir aceleraciones y frenados bruscos, lo que condicionaría la posibilidad de poder hacer maniobras forzadas, limitando consecuentemente la capacidad de la infraestructura, especialmente en ámbitos urbanos. A esto hay que añadir que el periodo de coexistencia entre el vehículo auto-conducido y convencional puede generar importantes conflictos circulatorios que cueste resolver.

No obstante, el vehículo auto-conducido introduce importantes ventajas respecto a la conducción manual que permiten augurar un considerable aumento de la capacidad de las carreteras, especialmente en entornos interurbanos, lo que implicaría la posibilidad de acomodar un flujo mayor de vehículos antes de llegar a la congestión. En gran medida, la congestión se explica debido a que, en los momentos en los que el flujo se encuentra muy próximo a la capacidad de la infraestructura, la falta de reflejos de algunos conductores les lleva a frenar antes o con mayor energía de lo que sería recomendable, produciéndose ondas de frenado que reducen la velocidad y generan parones. Los sistemas de automatización de los vehículos permitirán evitar estos efectos, lo que casi con toda seguridad contribuirá a aumentar la capacidad y, en consecuencia, reducir la congestión en las vías. Finalmente, la propia conectividad del vehículo con la infraestructura (V2I) permitirá una mejor elección de rutas y una mayor información a los usuarios sobre el momento adecuado en que comenzar sus viajes. Los ingenieros de tráfico identifican también como un elemento clave para reducir la congestión el hecho de que los vehículos se coordinen para circular más cerca unos de otros (lo que se denomina platooning), pudiéndose llegar a aumentar la capacidad de muchas carreteras. Este efecto puede contribuir a reducir de manera importante los costes del transporte de mercancías por carretera, mejorando la competitividad de las regiones periféricas.


Transporte público

Aunque a primera vista no parece que la conducción autónoma y conectada pueda tener un impacto importante en el transporte público, hay dos aspectos que van a influir de manera determinante en la competencia entre ambos: el primero es que las personas que no conducen van a tener un acceso mucho más sencillo a un vehículo y el segundo es que el vehículo de alquiler se va a hacer mucho más económico que en la actualidad. Algunos autores demuestran que el coste del taxi autónomo puede ser hasta cuatro veces inferior que el de un taxi convencional. Los valores anteriormente calculados pueden resultar inferiores a las tarifas del transporte público, sin tener en cuenta que dichas tarifas se encuentran subvencionadas. Aunque la automatización llegará también al transporte público, reduciendo sus costes laborales, el impacto global en el coste del viaje no será tan grande como lo es en el vehículo particular.

Parece previsible que el trasporte público masivo se quede reducido a líneas con elevada demanda de tráfico, mientras que las líneas de débil están llamadas a su desaparición, lo que redundará en ahorro presupuestario para las Administraciones públicas.

Aparcamiento y seguridad

La reducción de la necesidad de plazas de aparcamiento se deriva de varios aspectos: una previsible disminución del parque, la reducción del tiempo de detención y la posibilidad de que el vehículo aparque por sí mismo. Esta última tendencia cambiará probablemente la configuración de los parkings, que pasarán a ser lugares de almacenamiento de vehículos, requiriendo menos espacio. Además, una de las ventajas más importantes es que no hará falta acompañar al vehículo a aparcar. Esto cambiará también la ubicación de los aparcamientos en la ciudad, que dejarán de estar en los lugares donde hay más demanda, pudiendo desplazarse a zonas más alejadas donde el precio del terreno sea inferior.

Por otro lado, la conducción autónoma implicará una importante reducción de la accidentalidad. Los vehículos autónomos eliminarán el factor humano en la seguridad viaria, ya que los sistemas de control del vehículo no pueden beber más de la cuenta ni distraerse ni cansarse. Estos tres factores son los responsables de casi la mitad de los accidentes. El aumento en la seguridad se basa en que la capacidad de los vehículos autónomos de identificar el entorno es muy superior a la de los humanos, debido a una mejor percepción de la realidad, una mejor toma de decisiones y una ejecución de maniobras más precisa. No obstante, los vehículos autónomos no serán capaces de reducir todos los accidentes por varias razones, como inclemencias del tiempo o conducción en entornos complejos en los que el humano puede ser más imaginativo que un vehículo auto-conducido. Asimismo, uno de los mayores problemas inherentes a cualquier automatización es la posibilidad de que ataques informáticos en los sistemas de comunicación y de control puedan poner en jaque a la sociedad o violar la privacidad de los conductores. Esto requerirá adoptar medidas que minimicen el riesgo de intervenir en los sistemas de comunicación con finalidades que queden fuera de la Ley.


Reflexiones finales

El vehículo autónomo y conectado supone una innovación que va mucho más allá de la evolución tecnológica, afectando al modo en el que se organizará la movilidad de personas y mercancías. Abiertos quedan interrogantes clave cómo el impacto que esta tecnología tendrá en el consumo de energía, el empleo y la ordenación del territorio; así como la manera en que las personas asumirán el cambio. Para limitar estas incertidumbres es clave seguir profundizando en el conocimiento de los impactos que dicha innovación puede tener en el futuro.

José Manuel Vassallo

Catedrático de Economía del Transporte

Universidad Politécnica de Madrid