Desconocimiento, ausencia de normas y desinhibición determinan el consumo de drogas y alcohol al volante

Según un informe psicológico de la Asociación Madrileña de Distribuidores de Automóviles

Desconocimiento, no sólo del nivel de intoxicación y cómo les afectará al conducir, sino también de las consecuencias y las penas que les pueden acarrear, además de falta de control, supervisión y normas dentro del entorno familiar y desinhibición para relacionarse son los principales motivos que llevan a la mayoría de conductores a tomar alcohol y drogas.


La Asociación Madrileña de Distribuidores de Automóviles (AMDA) ha encargado a la psicóloga Leticia Palomeque la redacción de un informe que determine cuáles son los principales comportamientos y razones por la que una persona llega a poner su vida y la de los demás usuarios de la vía en riesgo consumiendo alcohol y drogas al volante. El desconocimiento es una de las más importantes, como explica Palomeque cuando señala que “algunas personas tienen dificultades en detectar su nivel de intoxicación y cómo éste les afectará a la hora de conducir”, y añade que, sin embargo, “son las personalidades antisociales las que determinan los comportamientos más preocupantes para la seguridad vial”. Apunta, por ejemplo, el caso de un conductor de autobús que dio positivo en cannabis mientras transportaba 60 pasajeros desde la localidad cordobesa de Hinojosa del Duque a Benalmádena. En este sentido, arguye que “pueden ser personalidades irresponsables que incumplen las normas sociales con respecto a los comportamientos legales”. Curiosamente, revela la psicóloga, suelen tener una ausencia total de remordimientos y se sienten indiferentes del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien. Asimismo, matiza, suelen minimizar “las consecuencias dañinas de su conducta o incluso sienten indiferencia. Toman las decisiones de manera irreflexiva según el momento, sin meditarlas antes y sin tener en cuenta las consecuencias para uno mismo o los demás”.

Esta ignorancia, en muchos ocasiones, se cimenta también en un déficit cognitivo debido a una falta de información sobre las consecuencias de conducir bajo el efecto del alcohol y las drogas, como la pérdida de reflejos que conlleva el consumo de algunas sustancias, y en otras se trata de un desconocimiento de las consecuencias legales. “La sensación de control que se produce bajo el consumo de un nivel medio de alcohol y algunas drogas concretas (como la cocaína) puede contribuir a que la persona crea que se encuentra en un estado óptimo para ponerse al volante”, aclara Palomeque, pero la realidad es bien distinta.


Educar desde la infancia

Estos conductores llegan a hacer razonamientos erróneos tales como “si todo el mundo lo hace, por qué no lo voy a hacer yo”.
Es decir, lo perciben como algo común en la sociedad y, en algunos casos, lo han visto desde la infancia en familiares o conocidos.

Por ello, es importante que los padres expliquen las conductas de riesgo relacionadas con la conducción bajo el efecto de las drogas a sus hijos y los eduquen para evitar que cometan errores en su etapa adulta, ya que una falta de control y supervisión, junto a la carencia de normas dentro del funcionamiento familiar, influyen en la mayor predisposición a adoptar conductas de riesgo. A juicio de Palomeque, “el hecho de que los adolescentes (o jóvenes al principio de su vida adulta) perciban que sus padres aprueban o consienten su consumo excesivo de alcohol hace más probable que conduzcan bajo sus efectos. Además, estos son fácilmente influidos por sus compañeros o amigos, ya que muestran una baja confianza en sí mismos, baja autoestima o tienen dificultades para comportarse de forma asertiva para decir “no”, siendo más vulnerables a la hora de decidir no participar en conductas de riesgo”.

El informe de AMDA encuentra en la desinhibición otro argumento y, aunque el consumo de alcohol y drogas es algo bastante común en la sociedad, mucha gente abusa de ellas en su vida cotidiana como mecanismo de afrontamiento poco adaptativo, ya que a corto plazo la persona encuentra beneficios. Por ejemplo, concluye Leticia Palomeque, “les puede resultar más sencillo relacionarse con otras personas, dar una apariencia de seguridad en sí misma o soportar mejor largas jornadas de trabajo”.


El 35%, positivos

El problema es muy importante, tal y como reflejan datos como que, sólo en el puente del 15 de agosto, 860 conductores (el 35%) dieran positivo en los 2.476 test salivales llevados a cabo por la Dirección General de Tráfico para detectar la presencia de drogas en su organismo. A 857 se les abrió expediente sancionador por vía administrativa, mientras que a los 3 restantes se les instruyeron diligencias para su posterior traslado a la autoridad judicial. Centrándonos en Madrid, durante un fin de semana de febrero, se realizaron 800 controles, de los que 81 dieron positivo en alcohol y 15 en consumo de drogas.

El capítulo IV del Código Penal tipifica los delitos contra la seguridad del tráfico y establece, por conducir con exceso de alcohol o bajo la influencia de drogas, pena de prisión de tres a seis meses de cárcel o multa de seis a doce meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 30 a 90 días, y privación del derecho a conducir de uno hasta cuatro años. Si es por negarse a someterse a las pruebas, las penas de prisión van de entre los seis meses y un año y privación del derecho a conducir de uno a cuatro años.

Juan Luis Franco